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Si el agresor no puede reconocer el daño perpetrado, impide la reparación del dolor por parte de la víctima. Por una lado es como si continuara cometiéndose de forma burlona cada día con la misma impunidad,   por otro, la falta de carácter real de ese maltrato genera, en quien lo sufrió, la duda creciente de sino fue una perversa fantasía de su perturbada mente, que fue enalteciéndose con el tiempo. Así, se comprende que para los judíos el reconocimiento internacional del Holocausto, resultara reparador, sirviéndonos de un caso extremo.