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El político que respira, tan solo, para que su relato se sostenga con cierta coherencia, aunque de facto se desvanezca a trozos, se asemeja más a un “cuentacuentos” que a lo que su responsabilidad pública le obliga. La cuestión es, a parte de desarrollar su creatividad literaria ¿cuándo ejerce de político? es decir previsor y gestor de los bienes públicos que debe velar y distribuir de forma justa, además de garantizar su buen funcionamiento y eficacia, entre otras muchas funciones según cuál sea el cargo que ostente.

En síntesis, el político es un servidor público que debe trabajar por el interés general, no un juglar del siglo XXI que se dedica a vender humo a través de los medios de comunicación y la redes sociales, sin ejercer propiamente la función por la que recibe un salario con los impuestos de todos.