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Mientras sigue sucediendo lo  que ya es habitual, por doquier, sin que nada altere el ritmo de nuestro pestañeo, y la rutina interiorizada nos haga sucumbir en la absoluta indiferencia, alguien, en algún lugar triunfa, y otros mueren.

Mientras nos aderecen el cerebro con indignaciones políticas locales, al uso y nada sustanciales en cuanto a la forma de vida que nos hemos sometido, contribuimos a perpetuar un sistema injusto y mordaz, en el que alguien triunfa y otros muchos perecen.

Mientras las conciencias sigan dormidas y solo excitadas por manipulaciones premeditadas, vagamos distraídos por un mundo en el que unos pocos triunfan, y a otros muchos los mueren.