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Un No, es un No. Y un silencio abrumador que delata el rostro aterrorizado de quien no osa negarse a lo que resulta evidente que sucederá, es de hecho un No entre alaridos acallados. Si la víctima es una niña, su ignorancia, desconcierto, junto con el poder de quien abusa, hacen de la agresión un ultraje supino. Algo que en cualquier caso la Justicia nunca podrá reparar, pero a pesar de ello, debe ser claramente contundente para evitar la ley del talión, alternativa que a menudo tienta con más fuerza a quienes observan las prácticas judiciales en casos como estos.