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El sentido del humor es un recurso imprescindible para mirar el mundo y compartir esa jocosa perspectiva con otros, pero nunca  a costa de dañar o injuriar a otros y menos hurgando en sus males. Sin embargo los que desempeñan una vida pública, en lo que hace referencia a ese aspecto y no a su privacidad, deben tolerar ciertas bromes sobre el ejercicio de su actividad.

La acción pública puede estar sujeta a la sátira –siempre que no se regodee en alguna desgracia- la vida privada debería ser lo que es.