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Lejos estaba Nietzsche apostando por la superación del hombre, pensando en que éste se convirtiera en un ciborg. No solo por falta de imaginación, sino porque su alternativa era la de ser un humano liberado de un Dios que lo mutilaba, para poder desplegar toda la potencialidad de la naturaleza humana. Nunca, desnaturalizarla adosando artilugios que desconocemos cómo modificarán nuestro ser en el mundo.

El escollo es siempre el fin y el límite de nuestra acción, ya que no dañamos, sino que por el contrario beneficiamos, implantando una mano artificial al que carece de ella. Pero, ¿hasta dónde llegaremos? ¿Habrá ciborgs que serán ordenadores con piernas y brazos?