Educación, seguimos

Mientras la educación siga siendo un campo de rivalidades, entre las virtudes de lo que siendo añejo sigue siendo válido, y los que repudian todo aroma que no sea nuevo, rompiendo con lo denominado “tradicional” casi como único criterio, lo relevante que es cómo estimular el valor de aprender y cómo enseñar para que el acto mismo pueda servir de acicate, pasará a un segundo plano.

Acaso porque, si analizamos esto último, nos apercibiremos que a los alumnos también hay que educarlos para que cuando unas motivaciones fallen sepan buscarse otras o disponer de otros recursos que le ayuden a sobreponerse en momentos menos “happy” de la vida; como, por ejemplo, la voluntad y la capacidad de esfuerzo con vistas a un fin que me interesa. Porque, de lo contrario, la escuela se convertirá en una fantasía, a ciertas edades, que seguirán contribuyendo a la infantilización de los adolescentes, haciéndoles creer que los otros existen para motivarme a mí, y que cuando busque trabajo podré esperar y elegir uno que me guste porque mientras tanto, para eso está papá y mamá.

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