Lucifer y Dios

Esa imagen caricaturesca que representa a nuestra conciencia, rodeada a cada lado por un demonio y un ángel emitiendo voces antagónicas, es sutilmente exculpatoria en la medida en que insinúa que el bien o, sobre todo, el mal de nuestro actos proviene de una presión externa a la que acabamos cediendo. Nuestra culpa es nuestra debilidad natural, no nuestra maldad. Quizás el meollo esté en el poder superior de lo diabólico sobre lo angelical, pero no en nosotros que aparecemos como la marioneta a través de la cual libran su batalla eterna Lucifer y Dios mismo.

¡Qué historia tan reconfortante!

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