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Si el día de hoy, en Catalunya, lo dedicáramos realmente a la reflexión política que implica, no sólo a quién votaré como si se tratase el ganador de  OT, sino a un análisis de lo trágicamente acontecido en los últimos tiempos y a las perspectivas de reparación del daño a nivel social y económico, es probable que el pueblo unido reventase las urnas y echase a todos los políticos del país. Y unos, ni otros. Esto que sería fruto de la pasión sería ciertamente lo más ajustado con la incompetencia y falta de voluntad de los políticos de asumir sus responsabilidades. Y que se callen todos, que ahora hablo yo. Pero como está visto que el pueblo es mucho más civilizado que ellos, volveremos a las urnas no sé muy bien con qué esperanza. Con qué propósito sí: o que no salga soberanistas o que no salgan constitucionalistas. El meollo viene ahora y después ¿qué? Digan lo que digan las urnas, el pasteleo no ha tocado a su fin: si soberanistas continúa el relato con nuevos episodios para aumentar la audiencia, porque esto parece ya un culebrón. Si constitucionalistas, no menos fracturados que los anteriores, qué harán para gobernar sin pretender ignorar a los independentistas, que sería la peor de las políticas.

Lo siento, pero en mi jornada de reflexión, todo cuanto acude es casi peor de lo que hay. Así no me extraña que la gente dure dos minutos reflexionando. Y que los políticos dejaran de hacerlo cuando vieron que el barro les cubría las botas, y sin más, ni menos, fueron a por la DUI. ¿O no?

En fin, consejo, no reflexionemos mucho que podemos acabar huyendo a Bélgica, que por lo que parece se vive bastante bien. Parece que hay un servicio público de mozos de escuadra que te ayuda. Así que, a tenerlo en cuenta. El exilio forzado, ese tal doloroso de los consejeros de Bruselas puede ser nuestra esperanza.