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Demandamos esperando recibir, al despertar la atención del otro. Sin embargo nuestra necesidad puede ser postergada en su satisfacción, al margen de que esta haya sido fruto de un reclamo. Esta frustración induce a no expresar ni pedir nada. El resultado puede ser el mismo, mientras que el ninguneo en la primera circunstancia se agudiza afilado como un alfiler, en la segunda no hay solicitud ni esperanza ni humillación.