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Finaliza el año, por fin. Y seducidos por la magia de los números creemos que el cambio del último dígito de la cifra que representa este año, comportará una serie de cambios para bien. Esto más que fe, es pura necesidad. Nosotros establecemos una discontinuidad entre los dos años que alienta nuestra esperanza, pero tal vez todo sea un continuo que describe una derivada decadente. Aunque, comer doce uvas constituya un rito de transformación.