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Resiguiendo la línea del tiempo nos vemos impedidos a traspasar el punto del presente, y tal es la obsesión que nos azora que gastamos ese tramo intentando prever un futuro que siempre se halla en la línea más allá de nuestra posibilidad. Algo semejante nos ocurre con la supuesta felicidad que la cultura mitificó, sosteniendo una paradoja dañina, que era idílica y posible. Así la felicidad se ha tornado en ese futuro imposible de la línea del tiempo. Quizás porque obsesionados con ella la pisoteamos sin haber reconocido la nimiedad en que se presenta. Futuro y felicidad una simbiosis para enloquecer.