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No recuerdo haber asistido a una metamorfosis tan cínica como la realizada, que no padecida contra su voluntad, por Anna Gabriel. La exdiputada de la CUP, eludiendo su responsabilidad –ninguna o toda desde el punto de vista penal, eso es lo que hay que dirimir, pero la misma que sus compañero de viaje en el “procés cap a la DUI”- se ha trasladado a Suiza, para huir de la acción de la Justicia española. Abandonando su disfraz de “cupera”, firme defensora de una sociedad anticapitalista, autogestionada en comunidades, feminista y más próxima a ideologías comunistas que a otras, ha optado por Suiza, el paraíso fiscal por excelencia donde los grandes capitalistas blanquean su dinero, lo esconden y se enriquecen a costa del pueblo. Bravo Anna. Con una imagen de señorita bien, que le sienta como si fuese su auténtica naturaleza se ha adaptado con una sonrisa y sin flequillo, como un camaleón a uno de los puntos neurálgicos del neoliberalismo y el capitalismo. Donde el nivel de vida, por cierto, es altísimo. Y todo esto, parece ser, haciendo un sacrificio por el pueblo catalán, el cual seguro que aún conserva buena gente que creerá que es verdad.

Yo, personalmente, me pregunto por qué no se ha exiliado a Venezuela, país que ha elogiado en alguna ocasión y que seguro la hubiera defendido con ahínco poniendo incluso al ejército a su servicio contra el imperialismo español.

Anna, creo que has perdido la credibilidad que en todo este marasmo de despropósitos podía mantener la CUP que, se esté o no de acuerdo, parecían los únicos coherentes, extremistas y antisistemas pero con un discurso sin tropezones y desvíos. Tú, has insertado a ese partido que parece apoyarte de lleno en el sistema. Lo has zambullido si escrúpulo alguno, y con vosotros se ha desmoronado plenamente la farsa de esa independencia hueca que nunca tuvisteis realmente ni a punto, ni por tanto voluntad real de llevar a cabo, porque os veíais impotentes.