La corrupción del PP

La corrupción de la clase política y de los empresarios que han contribuido y de los que han callado -¿dónde estaban los sindicatos?- ha sido, y es, uno de los acontecimientos más graves de la democracia española. Su develamiento cotidiano, lejos de provocar la hilaridad que le hubiese correspondido,  ha provocado la apatía e indiferencia de los ciudadanos agotados del tsunami delictivo y la impotencia ante los incomprensibles entresijos judiciales.

Uno de los partidos más afectados –sino el que ha presentado trames más extendidas- que dirige actualmente el gobierno del Estado, el PP, ha luchado no contra la lacra de la corrupción, sino contra la imagen y la visualización de ésta, recortando derechos civiles, sociales y económicos. Y es curioso que, esta represión tampoco haya obtenido la respuesta masiva esperada, tal vez porque después del 15M nos hallamos ante una ciudadanía golpeada en su esperanza de que nada sea posible, fuera de lo ya pautado.

La ley “mordaza”, la congelación no reconocida de las pensiones más bajas, los recortes en sanidad y educación, la reforma laboral, recortes en prestaciones sociales ha generado un estado de desamparo y diría que miedo entre los ciudadanos que han callado por miedo a perder lo poco que les quedaba. Esta estrategia de presión y contención del gobierno del PP, dentro de la ley, ya que si no hubiese habido partidos de la oposición que hubiesen recurrido a los tribunales pertinentes ¿no? Y luchado por derogar esas leyes injustas, ha sido y es una formalidad democrática de imposición de la voluntad de un supuesto partido representativo –como así dictan las urnas- que una vez en el poder y amparado por la crisis económica y las exigencias de Europa, encuentra el punto más favorable para dejar atrás unos casos de corrupción, que como dijo el gran Rajoy “son del siglo pasado”.

Bien, pues querría recordarles que la pobreza –ese segundo lugar en Europa después de Rumanía- es de este siglo, como los jóvenes sin salida laboral, las personas de mediana edad que se ven condenadas al ostracismo social por falta de empleo, las mujeres y los niños que sufren violencia y maltrato en el seno familiar, nuestros ancianos que sin una pensión digna mueren de frío, de hambre o de ambas cosas, nuestra capacidad en investigación que podría ser pionera en algunos campos y se ve frenada sin ningún tipo de financiación, unos salarios de esclavos,…y tantas cosas que siendo de este siglos les importan lo mismo que las del siglo pasado.

Por no mencionar el gran error que cometieron recurriendo el Estatut de Autonomia de Catalunya que aprobado por los parlamentos catalán y español había, además refrendado el pueblo catalán. ¿Están orgullosos del acto de legitimación que su nacionalismo español desmedido facilitó a los que con razón se sintieron agredidos y buscaron más para Catalunya?

Espero que de una vez por todas la ciudadanía les pase factura.

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