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Sin haber tenido acceso a la sentencia del Tribunal de Estrasburgo sobre la quema de fotografías de la monarquía española, me perturba por lo que ha trascendido a través de los medios de comunicación una cuestión de fondo que va más allá de la coyuntura sobre la que se ha pronunciado el Tribunal. Y es la siguiente: ¿La libertad de expresión incluye también todas aquellas acciones que se realicen para manifestar la opinión o el parecer respecto de una cuestión?

La libertad como derecho civil inalienable ofrece un doble aspecto: la libertad de expresión entendida como la manifestación de ideas u opiniones propias y la libertad de acción que incluiría todo un vasto conjunto de conductas limitadas solo cuando viola los derechos de otros. A tal efecto, para regular esas acciones que puedan ser consideradas nocivas existen el código civil y penal.

Ahora bien, lo problemático surge cuando no se acepta límite alguno a la libertad de expresión o incluso se fusionan manifestación de ideas y acciones como si fuesen un único acto. Veamos ejemplos que tal vez puedan servir para clarificarnos. Parece obvio que manifestar la repulsa o el rechazo de una figura institucional o de algún cargo político concreto debe caer sin ambages dentro de lo que consideramos la libertad de expresión: mostrarse crítico o contrario a la existencia de la monarquía, exigir responsabilidades a los cargos públicos,…en general cualquier manifestación pública sea de repulsa o no en relación a la vida civil y política dentro de un Estado. Ahora bien ¿proferir amenazas de muerte es o no libertad de expresión, calumniar públicamente la imagen de un ciudadano atribuyéndole acciones no cometidas,…? Personalmente me perturba pensar que los vecinos de la escalera puedan ir profiriendo injurias sobre mi persona con total impunidad por considerar que forma parte de su libertad de expresión.

Lo que es cierto es que para regular con justicia las manifestaciones que traspasan la línea de lo admisible debe contarse con unos tribunales de justicia y un sistema judicial en general que funcione y en el que se pueda confiar, en primer lugar en su independencia respecto del poder político. Sin esta premisa irrenunciable no hay manera humana de acordar qué es o no punible, como un exceso que daña a otros, en la libertad de expresión. Porque bien podría ocurrir que se están penalizando opiniones políticas al amparo de una Justicia injusta. Este es el primer problema con el que se topa el Estado español, el sometimiento a menudo del poder judicial al poder político y lo que es más relevante a los poderes económicos que son al fin y al cabo los que “reparten el pastel”. Así arrastramos una corrupción que ha lastrado, se reconozca o no, el desarrollo económico del Estado.

Volvamos ahora a la cuestión que planteaba inicialmente: ¿La libertad de expresión incluye también todas aquellas acciones que se realicen para manifestar la opinión o el parecer respecto de una cuestión? Creo necesario trazar una línea diáfana entre lo que es manifestar ideas y lo que son acciones orientadas a plasmar o realizar esas ideas, cuestión que lamento el Tribunal de Estrasburgo parece haber obviado –al margen de que incluso las acciones deban ser consideradas o no delito- Y para ello situémonos en el claustro de una Universidad en el que los alumnos comentan en asamblea las prácticas docentes de un determinado profesor que consideran inadmisible y acuerdan elevar una protesta al Rector exigiendo su cese. Hasta ahí, todo claro. ¿Debe considerarse parte de esa libertad de expresión la quema pública de fotografías de ese docente? ¿No han pasado los estudiantes a realizar una acción que traspasa lo que es manifestar opiniones o ideas, y que puede implicar una cierta incitación a la violencia contra la persona física que se está juzgando como profesor? Si no fuera así, me imagino las entradas de los institutos con alumnos quemando fotos de profesores impopulares, sin que nadie pueda detener esas acciones por ser parte de su libertad de expresión.

Para la libertad de expresión no puede haber tabús –que es distinto de agredir verbalmente- Para la libertad de acción debe haber todo el espacio posible mientras no se ejerzan daños contra otros. Indiscutible pues el derecho a la manifestación, a la realización de actos públicos que sirvan para manifestar ideas,…Los límites de la libertad de expresión y acción deben estar  claramente supeditados al respeto de los derechos de otros individuos, nunca a los intereses de estado o de poderes económicos.