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Lo que deviene más devastador de algunas sentencias judiciales –la Manada es una más, a pesar del valor simbólico que ha adquirido- no es únicamente la cosificación y el ninguneo de la mujer, sino que dan pábulo para que otros depredadores con una sola cabeza –y no hablo de la que aloja el cerebro- continúen con sensación de impunidad desafiándonos para que demostremos lo que resulta, gracias a las leyes difícil de justificar. Si las vísceras te cuelgan por collar, queda evidenciado pero, tardíamente para la eterna víctima.