Apuntes respecto de la xenofobia yel racismo.

La arrogancia racial de “los blancos” ha llegado a extremos inusitados a lo largo de la historia. Entiendo que sobra recordar acontecimientos que difícilmente podremos borrar de la memoria, algunos de los cuales siguen vigentes. Pero, también es de justicia destacar que estos abusos raciales se dan en otros espacios y por otras razas en otros países con la misma o incluso más virulencia de lo que hacemos y hemos hecho los occidentales –me acude instantáneamente el genocidio que se está denunciando de los Rohinyá en Birmania-

Mucho se ha estampado en páginas sobre el racismo y la xenofobia, así es que no pretendo desvelar novedad alguna. Pero, sí hacer hincapié en la razón económica latente a todo gesto xenófobo que tenga tal vez más relevancia de la que le otorgamos. Es cierto, que los relatos que justifican el racismo en base a la superioridad genética y cultural de una raza respecto de otra, tienen como argumento disuasorio y manipulativo una fuerza que arraiga en creencias de los individuos generando una cosmovisión que se torna evidente e indiscutible, pero, tal vez, también lo sea, que el interés de los que a menudo incrustan esas convicciones en el tuétano de cada sujeto, posee un interés predominantemente económico, en la medida en que cuantos menos a repartir, más se engrosa el botín de los poderosos.

Intuyo que si analizáramos cada caso, detectaríamos un beneficio económicos de los que izan la bandera del racismo y la xenofobia.

Desearía también dejar constancia de que deberíamos desconfiar de los teóricos que argumentan en contra de estas actitudes y acciones deshumanizadoras, porque sentados en su poltrona y no conviviendo, ni sintiéndose afectados por la presencia de migrantes de otras razas y culturas, hablan de lo que desconocen, sin el pudor y honestidad que debieran. Solo está legitimado, según mi parecer, quien inmerso en un entorno multirracial, lucha contra la estigmatización y el rechazo de otras razas o culturas. Los teóricos que se limiten a aprender analizando u observando los hechos, sin la arrogancia de saber aquello de lo que no tienen ni la más remota idea.

No es nada sencilla la cohesión de un grupo social multiétnico y cultural, más aún cuando el neocapitalismo despiadado imprime una presión de competitividad por las migajas que los grandes magnates dejan para la mayoría de los aborígenes que conviven con los foráneos.

De lo que “no se sabe” es más digno guardar silencio.

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