El Estado, en “Berta Isla”J.Marías

“(…) Los ciudadanos están convencidos de que los protege el Estado, y así es normalmente, es lo fundamental, nuestra prioridad, doy fe de ello. Pero lo que ignoran es que, si esa protección lo requiere o se resisten a ella (si yerran de mala manera), se impide que estorben y se los anula. ¿Cómo? Se los desposee: quien no tiene nada, nada puede hacer (…)”

Javier  Marías, Berta Isla. Ed. Alfaguara. Barcelona 2017, pg. 354

En este fragmento –descontextualizado- de Marías se asegura que los ciudadanos viven con el convencimiento de estar protegidos por el Estado.

Tal vez, y fruto de la decadencia del Estado del Bienestar y la gran crisis económica, o quién sabe si la evolución lógica de la globalización económica, esa apreciación no se ajuste a la percepción actual. Los individuos poseen la conciencia de ser ciudadanos con derechos –menos con deberes- pero sienten que esos  son vulnerados impunemente por un Estado, que siendo de derecho y democrático, supuestamente, actúa como un todopoderoso Leviatán. Cierto es que las formas de dominio no se manifiestan de la manera en que Hobbes se hizo con esa denominación, pero también lo es que, no por eso, son menos eficaces y nocivas. En ocasiones, los ciudadanos también sienten que deben protegerse de un Estado que legisla casi de forma encubierta, modificando leyes que perjudican al individuo, y que tan solo cuando nos vemos bajo el influjo de ese ámbito legislativo nos apercibimos de que ya nada es como creíamos que era, porque no se nos ha informado o se ha, casi, ocultado a la opinión pública los cambios legales que son nítidamente antipopulares. Aquí los medios de comunicación son herramientas de encubrimiento de requiebros opacos.

Por otra parte, como el autor reconoce, el Estado se siente legitimado en favor de esa prioritaria protección a despojarse de los “moscones”, que por reclamar lo que les corresponde y oponerse, revolverse y rebelarse a esas tergiversaciones ocultas, obstruyen la gestión subrepticia del poder. Y la estrategia actual, y de la que se hace eco Marías, es la anulación y desposesión del insumiso. Como bien sabemos dictando leyes “ad hoc” que permitan reprimir las intrusiones que dificultan la acción deliberada del sujeto.

El contexto que describe el autor es el de un Estado democrático y de derecho, pero que como hijo de Leviatán se sirve de las cloacas, ese espacio subterráneo de manipulación y perversión desconocida, que le facilita ejercer su dominio con una impostura de ninguneo hacia el ciudadano.

¿Cuántos casos concretos podríamos recordar que se ajustan a esta podredumbre estatal? ¿Cuántas veces basándose en la legalidad del sistema democrático se ha legislado, en contra del bien de la mayoría menos favorecida, para satisfacer las demandas, presiones y amenazas de los que, de facto, ejercen el poder? Demasiadas,…

Acaso, sea por eso que, hoy los ciudadanos sienten una desconfianza profunda y apuestan por mantenerse en lo posible al margen de acciones que los relacione con cualquier institución representativa del Estado. Contra más anónimos, discretos e ignorados  mejor. Aunque muchos, para su desgracia, tienen la necesidad de recurrir a lo que cada vez se percibe más como “caridad” estatal para obtener ayudas que les permitan sobrevivir, o disponer de una base a partir de la cual, y gracias a sus apaños en negro, les posibiliten realmente esa supervivencia. ¡Pero! Y ahí se produce la persecución más injusta de todas, el Estado invierte esfuerzos en acosar a los ciudadanos, que sujetos a nóminas o prestaciones sociales, intentan conseguir por medios ilegales un suplemento que les garantice unos ingresos mínimos. Y no aludo a ningún tipo de delito reprobable,  sino a realizar trabajos entre particulares o con empresas pequeñas en “negro”. Sin embargo, y como contrapunto que engrosa la desigualdad ante la Justicia, muchos son los que poseyendo bienes e ingresos suficientes hacen lo mismo, sirviéndose de subterfugios legales o no, pero en cualquier caso asesorados por profesionales que, incumpliendo su código deontológico, se prestan a facilitar la evasión de impuestos o las ganancias nada ortodoxas.

Por otro lado, y como ya insinuábamos anteriormente, el Estado se esfuerza por reprimir manifestaciones legítimas y a menudo legales que consideran delito por atentar contra la honorabilidad de quien la posee, que bien sabemos que no todos somos dignos de ella.

En síntesis, el fragmento de Javier Marías perteneciente a una obra cuidada, trabajada y de resultado envidiable –quizás por ello se le resiste el Nobel, porque la excelencia hiere el orgullo de los que se convierten en adversarios- contiene una enjundia de esas condensadas que el autor acostumbra a regalarnos, y que me ha parecido digna de una breve reflexión.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s