Día internacional contra la violencia de género.

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La expresión “violencia de género” se utiliza para referirse a la ejercida sobre una persona a causa de su género. Usualmente se ha extendido su uso para referirnos a la violencia física o psicológica que los hombres ejercen sobre las mujeres en el seno de las relaciones de pareja o en el ámbito social mediantes agresiones o acosos sexuales. Contextualizar este fenómeno es algo ya tan recurrente que parece que pierde fuerza y credibilidad: una sociedad patriarcal en la que el hombre se siente con derecho para someter y dominar a la mujer por considerarla inferior, y de alguna manera a su servicio. Este lastre incrustado en el inconsciente colectivo en un marco social que va evolucionando hacia una liberación e igualdad de oportunidades del sexo femenino respecto del masculino, provoca un choque mental, en diversos ámbitos de la vida social, que se ha manifestado como una violencia explícita del varón, que no asume perder su poderío, respecto de la mujer que se encuentra socialmente más legitimada a reclamar la igualdad que hace años.

Sabemos que cuantificada –cuestión muy compleja por cierto- se contabiliza en número de asesinatos de mujeres y, últimamente, también de los niños que compartía o no la pareja. Las cifras son escalofriantes: 917 mujeres asesinadas y 23 niños y niñas desde el año 2003 en que empezaron a contabilizarse oficialmente (recordemos que ETA en casi sesenta años de historia llegó a asesinar a 829 personas). Quedan fuera de esta estadística el número de casos en que se está produciendo, hoy y diariamente, esa terrorífica violencia que anula y desestructura a mujeres y niños, y de la que seguramente tendremos noticia si acaban en asesinatos o intentos.

Es un problema social grave, más si tenemos en cuenta que hay estudios que indican que las generaciones de adolescentes han retrocedido en una concepción más igualitaria de los derechos de la mujer: “La directora de la Universidad de verano  de Estudios de Género, Esperança Bosch, ha llamado la atención sobre el incremento del número de casos de comportamientos machistas en adolescentes cada vez más jóvenes, que se manifiestan mediante el control de la pareja mediante las redes sociales y manifestación de celos y de control de la pareja. Comportamientos, dice, Esperança Bosch, que ‘encienden una luz roja de alerta y que tienen que tenerse muy en cuenta’.” –cadena SER julio de 2017- Hay, por ejemplo, que ser tajantes con los preadolescentes de ambos sexos,  que creen que “meter mano a las chicas” ,por mucho que estas se rían, no es en absoluto un juego, sino una actitud de abuso y menosprecio de ellos hacia ellas, que nadie debe tolerar-ellas las primeras-

De momento no se han encontrado estrategias, por falta de voluntad y de recursos, para atajar este feminicidio y con visas de derivar en un infanticidio. Una de las evidencias es el hecho de que no se prohíba a un maltratador visitar a sus hijos y menos quedárselos un fin de semana. Algo que judicialmente parece tan difícil, sería tan sencillo como pensar que quien descarga una violencia desmedida y mantiene esta actitud agresiva contra su pareja, no es una persona apta para educar a sus hijos, por mucho que sean fruto de un espermatozoide equivocado que acertó, equivocándose.

No obstante la labor de reeducación para luchar contra esta violencia pasa también por desarrollar una tarea de mentalización y autodesarrollo de las propias mujeres que sepan captar indicios de que algunas relaciones se presentan desde el inicio como nocivas, y que su actitud de bondad engañosa, perdón y, por ende, sumisión no hace más que alimentarla.

Existe aún otra cuestión que desearía dejar apuntada, considerando el contexto ideológico en el que vivimos que desvincula el sexo del género, y que es la siguiente: ¿por qué las agresiones a homosexuales, transexuales, etc, ..No se considera violencia de género, sino homofobia o transfobia? Aunque no sea el lenguaje el problema urgente a resolver, entiendo que es indudable que este manifiesta la concepción que la sociedad tiene de los escollos con los que se encuentra, y que tal vez la  violencia de género también se produce de algunas mujeres respecto de sus parejas, aunque en menor proporción y de naturaleza habitualmente psicológica. Así la mencionada catalogación como violencia de género debería contener más sucesos de los que se contabilizan, o bien adoptar una expresión lingüística apropiada para lo que parece ser más bien la violencia en el seno de la familia -generalmente del hombre hacia la mujer y los hijos-, que un concepto algo más amplio que sería el de género.

Finalmente, recordar a todas las víctimas que lo han sido por motivos de género y a esos infantes que sin tener ni tan solo voz, se han visto y se ven enredados en una experiencia tan traumática como esta. Mi solidaridad también con las familias.

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