Exceso

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Subyugados por una irritación del flujo neuronal, se deslizan, ante nuestra impotente mirada, los modos, los gestos, las palabras, anidándonos casi inánimes en la penumbra del  intento fracasado de ejecutar las conexiones sinápticas pertinentes. Algo así, como si nos excediera el cúmulo de aconteceres, que nos ocupan y preocupan, y ante semejante asalto se desfigurara nuestra capacidad de metabolizar tanta y tan descomunal concentración de afecciones y estímulos. No por ello nos recluimos para restar al margen de semejante atropello, sino que preservando la calma resistimos hasta que cese la vorágine que colma nuestra gestión y digestión mental.

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