Elecciones y política: una jaula de grillos

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Es evidente que desde posturas dogmáticas, que devienen convicciones arraigadas, no puede reconstruirse sociedad alguna. La contraposición de  unos y otros solo deriva en una jaula de grillos, carente de voluntad de ningún consenso o pacto que conduzca a la mejora de la vida de las personas. La estrategia es la derrota y aplastamiento del otro para ocupar el poder; una enorme responsabilidad que parece no arderle a nadie en las manos, por inconsciencia, frivolidad y porque constituye la culminación de una ambición narcisista y partidista para extraer todo el beneficio propio que de él se desprenda.

Esta torre de babel es hoy el Estado español, Catalunya incluida, y seguramente otros Estados de Europa y el mundo en los que podemos observar espectáculos semejantes.

Mi más acuciante preocupación es ¿nadie se ha cuestionado, por un instante, hacia dónde vamos y qué sentido tiene este diálogo de besugos? Si los que se enredan en esta lucha animalesca de engullir el poder se plantearan a las personas –ciudadanos o no, ya creo que es lo de menos- como la prioridad, sin disputa, de todo gesto y acción política, seguramente derrotaríamos entes abstractos, entelequias, como la nación, la sociedad,…Porque como debatieron Platón y Aristóteles ante el problema de los universales –formulación evidentemente medieval- me inclino a pensar que lo relevante es lo concreto, el individuo, la persona como único existente y, por tanto, palpable que merece todo nuestro interés y preocupación. Despojándonos de entidades supuestas presentes de forma trascendente, conseguiremos aterrizar en los problemas concretos de las personas y en proponer como objetivo político prioritario la resolución de estas urgencias existenciales, que no permiten vivir, o por falta de medios o por falta de esperanza en un género de sujetos deshumanizados.

Este escrito es un llamamiento a la “cordura” ante tanto egoísmo y despropósito que impide identificar lo relevante y urgente y dotar a los políticos de un ethos moral que dignifique a quien dirige un Estado y condiciona las bases de la existencia de millones de personas. Quien no se siente abrumado e interpelado por esto, carece de sensibilidad moral, criterios éticos y es un nauseabundo depredador de sus congéneres.

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