Paraelecciones del 28A en las parademocracias occidentales.

Un comentario

He llegado a la desasosegante conclusión de que la denominada jornada de reflexión que está establecida el día previo a unas elecciones, no es más que un reducto que se nos concede a los insignificantes votantes para vigorizarnos y soportar el panorama que tras de sí deja cualquier jornada electoral de desafección, desesperanza y frustración. Y esta situación se produce sea cual sea el resultado –aunque siempre puede ser peor- porque la democracia ha perdido su credibilidad como forma de gobierno que representa la voluntad del pueblo.

Los votos que concedemos son los ejes legitimadores de las políticas que posteriormente llevarán a cabo los gobiernos, concuerden o no con sus programas electorales. Los ciudadanos somos utilizados como palurdos manipulables a base de fogonazos efectistas hasta que introducimos la papeleta en la urna. A partir de ahí, desaparecemos del horizonte, porque la política no versa sobre el bien común o el interés general, de facto, sino sobre las artimañas que en un mundo globalizado y sometido al mandato de los poderes económicos liberales, debe desarrollar un gobierno para no ver a su estado aislado, boicoteado y, por ende, hundido es la miseria más miserable.

Ya sabemos, y no es novedad alguna, que los estados han cedido esa soberanía, que según la democracia pertenece al pueblo, a las instituciones económicas internacionales que regulan el mercado en función de los intereses de las grandes multinacionales. El margen de acción y decisión de un gobierno, si no quiere verse envuelto en un conflicto internacional, es mínimo; y para mal de todos, ese ínfimo recodo de decisión nunca acaba priorizando las políticas sociales de rescate de las personas.

Aun así voy a votar, aunque tal vez la abstención sea la contestación más rebelde. Y lo voy a hacer sin convencimiento, ni esperanza alguna. Solo con la certeza de que prefiero una falsa democracia sibilinamente manipuladora, que un totalitarismo que sesga vidas arbitraria y despiadadamente.

Pero, seamos conscientes de que si la democracia se sustenta por parte de los ciudadanos para evitar un totalitarismo violento y sangrante, lo que tenemos es un sistema de gobierno carente de auténtica legitimidad, espurio y deleznable, y eso se lo debemos al neoliberalismo dominante que halla en el marco democrático su hábitat natural de expansión y poderío.

Singular: 1 comentario en “Paraelecciones del 28A en las parademocracias occidentales.”

  1. En esencia estoy de acuerdo contigo, por no decir completamente. En cualquier caso, yo también votaré, porque la abstención como medio de protesta sólo tendría efecto si el poder viviera de espaldas a todos los ciudadanos. Pero la clase dominante acude a las urnas para defender sus intereses; por eso el pueblo debe hacer lo propio. Y, dentro de los límites de un mundo global, cabe aún margen de maniobra, como han demostrado Portugal y México, por ejemplo.

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