Supersticiones

Un comentario

Se dice de la superstición que es una creencia ajena a la fe religiosa y extraña –RAE- pero, mareando la cuestión, se me antoja que esa cualidad de rareza proviene de la falta de explicación racional que la sustente. Y, prosiguiendo, me sorprendo rebuscando qué tipo de fundamento derivado de la razón tienen las religiones.

Obviamente, constato la misma ausencia de racionalidad entre las supersticiones y las religiones. Lo cual no significa en absoluto que no puedan ser explicadas o identificadas las causas que han generado ambas ideas en la mente humana.

En el caso de las religiones sería harto complejo dar cuenta de las circunstancias y motivos que las han generado –a parte de mi incapacidad de llevar a cabo esa magna labor- Hablando no obstante de las supersticiones poseen una carácter más simple y mágico, por sorprendente, que las religiones y parece más al alcance entender el porqué de su presencia.

Las supersticiones suelen estar basadas en experiencias reiteradas que sin aparente explicación –o acaso sin ninguna- se conjugan y arraigan en nuestra mente como hechos relacionados por el principio de causalidad, sin que haya nada ciertamente en la naturaleza de una que pueda remitirnos a la otra. Esta perspectiva podría parecer semejante a la expuesta por el empirista Hume para cuestionar la conexión necesaria entre lo que llamamos causa y efecto. Pero aquí sí hay una diferencia sustancial: la superstición surge porque la mínima conjunción percibida ha generado un mal en el individuo en quien arraiga la idea, mientras que el análisis humeano privilegiaba aquellas creencias originadas por el hábito y la costumbre que presentan una conjunción espacio-temporal.

De esta forma, diríamos que alguien puede creer que es víctima de un conjuro o hechizo únicamente porque en pocas ocasiones un hecho ha coincidido con otro, o porque de forma habitual percibe que es “perseguido” por la mala fortuna y deduce que ahí, en esa sucesión catastrófica de desgracias, no puede haber azar.

No es fácil desprenderse de las supersticiones que el vivir ha ido asentando en nuestras mentes, ya que las experiencias que las han provocado han constituido hechos relevantes en nuestra existencia.

Este tipo de idas pueden permanecer largo tiempo en el acervo cultural e ir simultáneamente evolucionando, apareciendo nuevas, etc…lo cierto es que constituyen una alerta preventiva de protección y precaución que de forma inmediata orientan, en ocasiones nuestras vidas.

Por aterrizar en un ejemplo, hay familias que creen poseer una especie de estigma que las convierte en objeto de lo peor, dentro de lo posible. La superstición se halla aquí en esa idea persecutoria de que el mal y la falta de fortuna persiguen obsesivamente a la familia, hagan lo que hagan.

Así, vivir esclavo de supersticiones puede provocar mucho sufrimiento; encontraste las religiones señalan el camino de una vida buena aunque sea en vistas a otra posterior.

Hay muchos individuos que se declaran ateos, pero paradójicamente son esclavos de supersticiones que dificultan su vida.

Ahora bien, que un  ateo reconozca cierto grado de superstición en sus creencias es bien difícil, tanto como la cuadratura del círculo. Aunque si observamos con atención podemos constatar que todos –incluidos los más acérrimos ateos- tenemos un poso residual de ideas que constituyen meras supersticiones, aunque muy arraigadas en nuestra cotidianidad.

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