Hartura

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La hartura genera protuberancias por toda la superficie de mi cuerpo. Percibo masa excedente acumulada en las caderas, el torso. Las extremidades se asemejan a morcillas carentes de tono violáceo, que me indica que la mutación de mi físico no responde a una precipitación desde una altura desmedida y su posterior caída.

Soy una amalgama de excrecencias que repta, ya no me sostienen las peanas, cual nonadas, sino que me deslizo con sigilo y prudencia para arrostrar ese abombamiento sobrevenido lentamente.

¿Quién soy ahora que mi cuerpo me parece ajeno? El hartazgo somatizado de una existencia cercada por un entorno desbocado, al cual se le han desplazado los límites hasta disolverlos, y todo resta difuso y homogeneizado. El hambre es equiparada a la libertad; esta a dormir y vivir al raso,…lo relevante, que es lo urgente, ha quedado relegado al silencio absoluto. Nadie clama, más que un desierto en el que solo cabe la remembranza de lo que nos distrae y nos aturde, nos distancia de lo básico y elemental.

Por eso soy un ser metamorfoseado, por la impotencia y la saturación de un mundo ubicado en la superficie y alejado, a voluntad y con conciencia, de su núcleo.

Por el momento me mantengo recluida, para no perturbar el orden público y causar estragos entre los que puedan mirarme sin verme, percibirme sin entenderme y desatar el pánico por las apariencias, sin que el pavor se desate por lo auténtico. Creo que esto generaría más tumores en mi superficie corpórea.

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