La espera

Un comentario

Acaso desconoces la espera de esas niñas creciditas, que ya se tiñen las canas, y por ello las alumbra la madurez de  la  humildad, la comprensión y la aceptación de cómo sea, quien sea. Distintas, entremezcladas y unidas por un pasado común que protegen entrañablemente, aúnan sus habilidades de búsqueda para agostar la dilación de tu presencia.

Un silencio pleno de vacío que nada indica sobre tu estar, aunque arrebujada, en algún espacio o tiempo. Y la preocupación y la ansiedad, que incitan a esas niñas a explorar dónde y cómo te hallas, crece exponencialmente con tu ausencia súbita.

Todas sostienen la espera, no estás sola porque no hay soledad cuando tus niñas te buscan, inducidas a una revolución detectivesca casi sin precedentes -si atendemos al esfuerzo que posibilitó el común encuentro- remueven rincones insospechados, requiebros imprevistos…sin señal alguna.

Pero que sepas, y sepa cada niña, que existe un compromiso de cuidado y acogimiento mutuo que no decaerá ante obstáculo, estorbo o impedimento alguno.

Y que regresarás, porque como dijo el poeta te regresaremos  del abismo más oscuro en que te encuentres, para pedirte que confíes en este grupo de nenas que padecen por ti, porque como ya sabemos no son para nada tiernas criaturas, sino almas como tú danzando entre las trabas de la vida.

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