Lo eterno y lo infinito

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Letras & Poesía: Literatura Independiente

Durante la infancia poseemos el privilegio —o acaso la desventura— de rozar la aprehensión de la eternidad. Cualquier evento que un infante espera con ansia se prolonga en el tiempo con una compostura tan dilatada que le deja exhausto, excitado y con una percepción subjetiva de que lo anhelado, nunca acontece. Esta vivencia se transforma cuando se materializa ese sueño huidizo. Es en esta larga prolongación de aguardar pacientemente que se produzca esa fantasía —con un tinte de realismo diverso— cuando el infante cree que desgraciadamente hay eternidad.

Es obvio que su percepción del tiempo es sustancialmente diferente de la que posee un adulto. Pero, a esta agónica eternidad deberíamos añadir otra vivencia que atormenta a los más pequeños.

No solo el tiempo es eterno —ya que parece que nunca acontece lo anhelado— sino que ese lapso temporal incluye un espacio en el que pueden acumularse desgracias. Es decir, hay…

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