Conformismo legitimado o el fracaso de toda consistencia

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“El pasado, para Orwell, es una imagen de lo sagrado, en el siguiente sentido: el pasado es aquello que está absolutamente fuera de nuestro alcance y, a la vez, aquello que nos define. Es lo más lejano y lo más cercano, lo más externo a nosotros y, a la vez, nuestra única posesión; dado que el presente se escapa como el agua entre los dedos y el futuro no es más que un concepto sin contenido, solo el pasado es real y lo único que verdaderamente retenemos. Pero a la vez, está totalmente ausente, no lo poseemos en absoluto. Como dirá una filósofa de su misma época, Simone Weil, solo podemos orientar nuestra mirada hacia él esperando que nos llegue alguna emanación suya.”

Oriol  Quintana, Filosofía para una vida peor. Ed. Punto de vista editores, 2016.pgs 79-80

Este fragmento nos servirá de punto de partida para abordar el peso de los tiempos en la existencia humana, entre otras cuestiones. Esos que ordenan nuestra vida siguiendo una fila de sucesos que tendemos a encadenar para que nos resulten significativos.

Quintana, parafraseando a Orwell, se muestra conforme con una concepción algo pesimista del transcurrir humano, porque si lo único que nos define, y constituye nuestra posesión, se halla fuera de nuestro alcance, entonces no podemos más que reconocernos como seres carentes a perpetuidad. Esa penuria de entidad que se evidencia en la fugacidad rauda del presente y en el vacío del futuro, resta fortalecida por un pasado que siendo nuestro quién, nos resulta a su vez inoperable e inasequible.

El hombre sería, desde esta perspectiva, alguien desposeído de sí mismo cuya ineptitud para orientar y apropiarse de su vida se redime mediante una entelequia legitimadora, que tal vez proyectamos conceptualmente en ese futuro vacuo.

No obstante, cabe pensar que el pasado fue presente que no necesariamente se escabulle casi sin que nos apercibamos de semejante tragedia. El presente puede moldearse en función de la actitud vital; algo así como recuperar un carpe diem nada insulso —ya que en nombre de este mantra uno puede resultar de lo más frívolo—; además el hoy será pasado, aquello que según Quintana nos fundamenta aunque ya no podamos actuar sobre él, obviamente. Y, por último el futuro será presente, por lo tanto un concepto con referente empírico que podemos permitir que se volatilice ante nuestro pasmo, o bien afanarnos en que fructifique su elasticidad, esa que se deriva de no-ser antes de ser algo.

Es constatable que tras estas premisas se amaga un conformismo pesimista —cuestión que Quintana dejará patente en sus obras posteriores[1]— que se propone asumir la normalidad del hombre corriente y su incapacidad de substraerse a la esclavitud de un sistema productivo y consumista, que lo sume en la monotonía, la desidia y el deseo refrenado de tener espacios de aislamiento en los que pueda vivir en un oasis des-normalizado.

Ahora bien, este pesimismo es puro realismo. La objeción principal que me propongo desarrollar es que ese realismo no necesariamente debe ser conformista. Hasta tal punto, entiendo que Oriol Quintana puede acomodarse a ese gesto de deserción, que la lectura de su micro-ensayo La pereza me ha sorprendido. Y este asombro reside en que el autor llega a modelar esa actitud perezosa superando el límite, con lo que en el fondo, no creo que  esté manejando este concepto, sino reivindicando el derecho al descanso. Un sosiego que cada cual realizará según sus preferencias, todas ellas legítimas. 

Es decir, su conformismo realista le conduce a convertir un defecto —huyo del hecho de que la obra forme parte de una colección sobre los pecados capitales— como es la pereza, nada alarmante por otro lado, no sé si en virtud, pero sí en derecho. Así, reivindicar la pereza como algo a cultivar, como un derecho para poder respirar, me parece una confusión que, debo reconocer, no he identificado a nadie que la corrobore; sino al contrario, he transitado por  una explosión entusiasta por la ocurrencia de esta reivindicación. Estoy sola en esto. Y, por ende, puedo estar absolutamente equivocada.

Finalizando, me resta por sugerir que si propagamos esta actitud conformista y  negligente, descuidada o floja en hacerse lo que se debe o es necesario ejecutar, estaremos haciéndole un favor impagable al sistema, ya que el mensaje es: nada se puede hacer contra la sociedad hiper-productiva y consumista, que necesita de nuestra explotación para su supervivencia, así que en el escaso tiempo de ocio que tengas desconecta, huye, no pienses.

Sé que se me objetará que el individuo del que habla  Quintana —hijo de un Orwell muy determinado— es interiormente un rebelde inconformista, por eso reclama su derecho a ser perezoso, para disponer de tiempo, un tiempo de introspección y reflexión. No me convence, y la razón entiendo que es diáfana: si el inconformismo queda circunscrito a la interioridad ¿nadie piensa actuar para paliar la situación —no de los aburridos del sistema— de los marginados, expulsados y vilipendiados por ese ente abstracto que, para nuestra paz,  es el sistema?

Dice Lipovestsky:

“La sociedad de hiper-consumo no es solo la de los excesos perfeccionistas, es más aun la de los excesos de la inactividad física y del ocio espectacular, de la comida basura y otros trastornos alimentarios. La sociedad que nos gobierna es menos una sociedad de dopaje que una sociedad de consumo de modelos e imágenes de excelencia. Por detrás de las avanzadas del perfeccionismo vemos “el triunfo de la pereza”.”[2]

O lo que es lo mismo, la pereza fortalece el triunfo de la sociedad de la exigencia y del perfeccionismo porque sin ella no es soportable este tipo de vida. Eso sí, una actitud perezosa acotada al ocio, como buen consumidor pasivo: el cliente por excelencia. Y así, como quien no quiere la cosa, la sociedad nos va licuando quizás hasta nuestra desaparición como sujetos. Paradojas que todos sostenemos en nuestros discursos fruto de esta disolución silente que nos negará la posibilidad del Logos mismo.

 

[1] Oriol Quintana, VOSTÈ I GEORGE ORWELL SOBRE L’HUMANISME ORWELLIÀ I LA CONDICIÓ DE L’HOME CORRENT. Viena Ediions, 2019. Premio de ensayo Fundación Joan Maragall 2018
  Oriol Quintana, LA PEREZA, Fragmenta Editorial, 2019.
[2] G.Lipovetsky, La felicidad paradójica, ANAGRAMA. Colección compactos, 2007,pg. 268

Plural: 5 comentarios en “Conformismo legitimado o el fracaso de toda consistencia”

  1. Ana; tu relato me ha zarandeado y, aunque no he leído la obra de Qintana, el tema que has tocado sí que dan para ponerse en pie. Es uno de los que más me han zarandeado : la falta de perpetuidad , debido a que el hombre , preso de los excesos de este sistema productivo y consumista, se deja abatir por la pereza.

    Es esta la manera de conducirnos la de hoy. No se yo si por pereza o por cobardía o por pura y simple culpa de nuestro egoísmo y narcisismo. Huir es lo que hacemos. Porque el trabajo de gestionar nuestro tiempo, es una tarea ardua y costosa , en tiempo precisamente. No vivimos el presente, porque estamos siempre de prisa. Nos viene bien este estrés de la vida de hoy para no pensar, para no hacer. De ese modo no podemos gestionar nuestro pasado en función de un ACTITUD VITAL, como dice Qintana : “Y, por último el futuro será presente, por lo tanto un concepto con referente empírico que podemos permitir que se volatilice ante nuestro pasmo, o bien afanarnos en que fructifique su elasticidad, esa que se deriva de no-ser antes de ser algo..”

    . .. Puede ser una clave , esta propuesta . Estamos absortos en nosotros y en nuestra pereza, precisamente porque nuestro futuro o no existe o es una entelequia; por que lo hemos dejado que se ha volatize…¡¡ No me extraña que estés sola. No nos levantamos ni para tomar aire. y no será por falta de motivos. ¿Qué hace falta para que despertemos?

    Saludos
    seguiré leyéndote

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    1. Gracias por tu pensado comentario, de veras. Creo que PENSAR sin miedo sobre lo que hacemos y, por tanto, acabamos siendo no puede empujar a cambiar el rumbo de nuestra contribución inevitable a perpetuar este sistema. Digo inevitable porque zafarse de él es imposible, pero una actitud rebelde nos puede llevar a una acción paliativa de sufrimientos más o menos cercanos. Una actitud que no se limite la instrospección aunque la exija, sino que esta nos lleve a actuar dificultando la facilidad con la que las trampas del sistema nos esclavizan,….si reivindicamos la pereza -que además creo que en el ensayo se confunde con descanso- no vamos bien. Lo cual no quiere decir que no temngamos derecho al DESCANSO en la forma que cada uno necesite; sin él no podemos PENSAR ni ACTUAR. Pero esto nada tiene que ver con la pasividad y desconexión que implica la pereza.

      Gracias de nuevo!!!!!

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    2. Bonita reflexión, en mi opinión, todos nacemos con una mochila de herencias de todo tipo y no nacemos sabiendo, solo dependerá de que trabajemos todo lo que nos sucede y aprendemos, para poder llegar a ser valiosos primero para nosotros mismos y luego para la sociedad. Todo tiene su cara y su cruz, hay que saber disfrutar del trabajo, pero también del descanso. Solo cuando estas realizado puedes realizarte y para eso hay que partir desde la más real de la bases, aceptarse para aceptar lo que somos y a partir de ahí, hacer todo lo posible para mejorar y aportar lo mejor que se pueda.

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