El lujo de poder “confinarnos”

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Aterrorizados por un microscópico “bichito” que no vemos ni sentimos cuando se está parasitando en nuestro cuerpo, una parte de la población mundial y por orden de las autoridades que velan por el bien común, nos confinamos en el confort de nuestras viviendas con diversidad de opciones: teletrabajar, disfrutar de un tiempo de ocio regalado…que, a muchos, por cierto, les va a suponer una cierta cura del estrés cotidiano en el que estamos inmersos. Puede ocurrir que, viéndose con tiempo entre las manos y no habiendo crecido para eso, algunos sientan el vértigo del vacío como una losa asfixiante y salgan de sus casas a correr evitando contacto con sus congéneres, a deambular y apercibirse, quizás por primera vez, de lo huecos que estamos.

Dentro de esta población privilegiada, y sería egocéntrico no acordarnos de ellos, hay un porcentaje nada desdeñable de personas que no tienen ningún lugar con la salubridad mínima para cobijarse, otros no tienen lugar que los espere. Son, como siempre, los excluidos del sistema que engrosan las bolsas de pobreza y para los cuales los gobiernos no han previsto nada. Sencillamente porque no son relevantes en este caos de los que mantenemos el sistema. Tan solo tras la presión de entidades sociales, la Generalitat ha considerado mantener algunas medidas genéricas de una ambigüedad desconcertante sobre la comida para los niños que tienen beca de comedor -que garantiza un mínimo de alimentación diaria- y a la merienda que facilitan los centros abiertos no sé si se ha llegado; pero en cualquier caso sobre cómo se ha previsto vertebrar y gestionar esto nadie sabe nada, o quien tendría que saberlo para llevarlo a término lo desconoce. No olvidemos que, hoy ya hay muchos niños que esperan esos platos únicos, en muchos casos. Como es de esperar, cualquier crisis, sea de la naturaleza que sea, recae sin piedad sobre los de siempre, aunque muchos se vean afectados económicamente, seguramente no padecerán por su posible inanición.

Si nos trasladamos a los países más pobres la vergüenza nos desborda. Siguen padeciendo epidemias, erradicadas en occidente con la virulencia que presentaban en su origen como el sida, el ébola -desaparecida por lo que parece los países más poderosos- el sarampión, el tifus y tantas otras que mi ignorancia no puede citar. A causa del desamparo y las condiciones inhumanas en las que viven todas estas epidemias se suman a las hambrunas y devastan poblaciones de las que, por supuesto, occidente no se ocupa, ni preocupa porque estamos orientados al desarrollo tecnológico punta para vivir mejor aún, a costa de los que no “viven” de modo alguno.

Expuestas estas circunstancias, no puedo más que vocear que “confinarse” para protegerse de una pandemia, es todo un alarde de suntuosidad. Esa circunstancia que muchos jóvenes pueden experimentar como una limitación casi insoportable no es más que un síntoma de las sociedades opulentas en las que viven, y el desgastado sentido de gestos como sacrificio, esfuerzo en bien de un colectivo más vulnerable que ellos. Su angustia no es egoísmo, me parecería poco atinado si observamos que están dispuestos a colaborar en lo que sea gratuitamente antes de soportar un confinamiento. Podríamos calificarlo de exceso de acción, de externalización, fruto del entorno en el que han sido educados, que no es otro que un determinado contexto social en el que lo que quiero, lo tengo; la intimidad y el aislamiento se han difuminado por las redes sociales y esas fronteras que se pretenden levantar entre ellos y el mundo en el que se han fusionados los resquebraja. Tan solo la idea; porque es obvio que mediante las redes pueden seguir conectados permanentemente con sus amigos o relaciones que mantengan fuera del hogar. Así es que me temo que será algo usual ver durante estos días grupitos de adolescentes-jóvenes pateándose las ciudades para evitar los transportes públicos.

Por otra parte, estos muros ficticios pueden remitirnos si así nos lo proponemos a los muros reales con los que se encuentran miles y miles de migrantes que huyendo de guerras, de la pobreza absoluta o de persecución política se agolpan, tras días y semanas de viaje por tierra y embarcaciones hinchables o pateras, en las fronteras de nuestros países suplicando por sus vidas ¿Vamos a seguir, sin que se nos caiga un alma de la que parece que carecemos, negándoles la entrada, recibiéndolos con concertinas, con botes de humo o a balazos? Nosotros solo nos protegemos de un virus, ellos desean que les ayudemos a protegerse de una muerte segura encarnizada y depredadora que los extermina como a moscas. Me abstengo de comentarios sobre el pánico generalizado que está desabasteciendo los centros alimenticios y deseo que esa experiencia refleje el rostro en el espejo de una cultura hipócrita egoísta y deshumanizada.

Dicho esto. Parcial. Insuficiente y desde la poltrona de mi mesa provista de un portátil, como buena ciudadana occidentalizada en su forma de vida, me siento atravesada por la culpa de los que nos dedicamos a decir, sin mucho que hacer. Cierto que hay que realizar críticas y reflexiones que nos zarandeen a todos, pero yo seguiré existiendo con una comodidad que me tocó, en parte, en suerte -nadie niega que muchos han trabajado duro para tener lo que tienen- y a la que otros no accederán nunca y no precisamente por falta de sacrificio, trabajo y esfuerzo.

Somos la degeneración del ideal ilustrado que equivocó absolutamente el diagnóstico sobre el poder de la razón y de cómo este iba a lanzarnos a un progreso ilimitado. Supongo que les faltaba mucha introspección y les sobró arrogancia.

Plural: 10 comentarios en “El lujo de poder “confinarnos””

  1. Estimadìsima Ana

    Me ha atravesado tu entrada de parte a parte, el corazón. Y la conciencia, que es la que más molesta. Yo también estoy, como tu “confinada”, delante del ordenador y sí: me siento como tu dices :
    “Somos La Degeneración Del Ideal Ilustrado Que Equivocó Absolutamente El Diagnóstico Sobre El Poder De La Razón “.
    Gracias por el zarandeo, Ana; al menos tú desde tu atalaya lanzas tus palabras para que las recoja quien pase por aquí. Yo, me voy a trabajar dentro de una hora, a una facultad donde no habrá alunnado, porque está confinado, paseando por no ser capaz aguantar el estar en ese encierro , tan poco usual en su diario quehacer. Y tal vez algunos/alguno , lea esta entrada tuya y reciba la descarga emocional que transmite.

    Un abrazo, virtual, claro¡

    Carmen

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    1. Gracias…he colgado otro post posteriormente sobre una noticia de un diario americano que habla sobre el origen “ocultado” del coronavirus…espeluznante….ahí tenemos cierta posibilidad rebosar las redes de indignación y de petición de la VERDAD sobre el supuesto VIRUS ESPONTÁNEO….leélo después si lo consideras fiable o hayas más información podemos difundirlo entre todos y exigir justicia….gracias de nuevo!!!!

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      1. La he subido , yo también, para difundirla.
        A ver si se amplía la información; aunque estoy convencida que nos llega muy sesgada cualquier información ; ya que la información es poder. Por eso la ocultan.

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  2. Por instantes pierdo la cordura, pero me quedo en silencio y pienso en lo diferente que será el mundo cuando salgamos de esta. O quizá esté aspirando a demasiado; pero yo creo que este trance nos dejará una lección difícil de no ser aprendida, ahora como he dicho antes, debemos velar por la especie, con individualismo no llegaremos lejos…

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    1. A mí lo que me preocupa es que dudo que aprendamos ¿Crees que aprendimos algo de las guerras mundiales? Yo después de ver muchísimos hechos, que tú también conoces, creo que no. Esta vez no será diferente. Privará siempre el lucro económico de quienes dominan el cotarro..que no son tan fáciles de identidicar en su totalidad…

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      1. Ana, supongo que al final tendré que conformarme con haberlo hecho yo, no lo sé; porque no sé hasta dónde tendremos que llegar para darnos cuenta de que al final, nos estamos perdiendo lo verdaderamente importante. Sufro por mí, por los míos, por el mundo. Deseo que se extienda la empatía y el valor que debemos darle al prójimo. Armonizar esta existencia que por si sola ya supone un reto. Reconozco que soy muy romanticona, pero: ¿es tan difícil ver que vamos de culo?

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      2. Son tiempos más difíciles si cabe de lo que podíamos imaginar hace un mes. Ni se nos hubiera ocurrido. Personalmente creo que lo único que está en nuestras manos es lo que cada uno hace de sí mismo respecto de los demás…a partir de ahí hay que intentar que la impotencia no minimice la fuerza que la empatía de una persona puede dar a otras y lo que eso tiene de salvífico en uno mis,o y los demás….así me lo planteo yo, lo cual no significa que no me supure la rabia por los poros a menudo y que siempre sea capaz de mantener una cierta estabilidad. Creo que quien es sensible no puede dejar de fluctuar con las injusticias que son contínuas y sangrantes. Un saludo y ánimo!!!!

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