La crisis del conoravirus o la caducidad de una forma de vida.

8 comentarios

El ejercicio de la escritura no es una actividad que se nutra exclusivamente de la voluntad. Hay “un algo” indescriptible, casi inefable que genera una fluidez de ideas, palabras y, sobre todo, un decir necesario para quien escribe que nos excede, nos supera y no está en nuestras manos. No desearía hablar de inspiración porque tiene una connotación romántica y casi de éxtasis sobre la que soy escéptica. Siempre he creído que tras un texto con enjundia se amaga mucha lectura, reflexión y horas a veces de borradores hechos trizas. Aunque no sea la práctica habitual cuando lo que hacemos es escribir en blogs que tienen una difusión y una divulgación extensa en cuanto a los lectores que tienen acceso.

No obstante, hay acontecimientos que te roban incluso la capacidad de hilar con un cierto orden y concierto textos, ni que sean breves, que puedan tener algún tipo de interés para quien los lee.

En este momento el caos social, político, sanitario y económico repleto de desconcierto y medias verdades que está provocando el cov-19 marcará, no sé si generacionalmente, pero sí para muchos, un antes y un después. Intentaré argumentarlo, y ya me disculparéis si el resultado merece ir al reciclaje de papel o perderse en la virtualidad desde la que nos conectamos, porque todos estamos zarandeados por una situación que no solo nos afecta emocionalmente, sino que en mi caso me desestabiliza por las dificultades de comprender cuanto sucede. Ahí voy.

  • Los tiempos de inseguridad, en los que ya habitábamos, nos llevan a aferrarnos al presente que es lo más certero que poseemos. Pero si este, el hoy y el ahora, se trastoca convulsivamente como si del diluvio universal se tratase, enloquecemos. Y no es una metáfora, lo lamento, porque no tenemos más que observar lo que nosotros mismos hemos hecho y hacemos desde hace unos días -por aquello de mirar primero la biga en el ojo propio que la paja en el ajeno- y lo que muchos otros hacen irracional y desesperadamente. Nuestro único referente -y ya poco teníamos- era la certeza de un presente del que pendíamos, y este ha saltado por los aires.
  • La denominada era de la posverdad, aquella en que lo verdadero es lo que consigue imponerse como tal según el poder de quien difunde interesadamente esa supuesta “verdad” está en uno de los puntos más álgidos que hemos conocido. En primer lugar, porque sigo carcomida por la sospecha medio fundada de que aquí ha pasado o está pasando algo que, por supuesto, los ciudadanos desconocemos y tan solo unos cuantos Estados y corporaciones multinacionales saben de su origen y posterior desarrollo. En relación con esto último no puedo negar que muchas intervenciones internacionales me parecen impostaciones de grandes especialistas en el arte de embaucar. Seguramente el estado español y otros menores estén en la inopia, porque desde la misma Unión Europea algunos parecen haber jugado con ventaja y, como siempre, ha vuelto a fracasar en esa falsa voluntad de Unión que ya no sé quien se cree. Se limita a exigir desde los Estados más poderosos lo imposible a los menos pudientes con medidas que destrozan a la población más vulnerable de cada Estado. Quizás la clave siga estando en la lucha de clases, aunque eso obviamente se presente como anacrónico y a nadie interese que se tome ninguna conciencia en ese sentido: sigue siendo mejor promover corporativismo de supuestas minorías que por su poder mediático parecen mayorías aplastantes. Bien desunidos y separaditos. A resultas de lo dicho recuerdo una noticia que aparecía ayer en El País digital que aseguraba que ya no se harían más pruebas de coronavirus, excepto a políticos y a los que pudieran costeársela. Desconozco de dónde ha salido esa información en su origen por lo que me remito al diario digital que ayer lo difundía, si no era un montaje de algún desaprensivo de esos que abundan y que no tendremos la suerte que les caiga la corona del virus en toda la testa.
  • Las reacciones de pánico entre los ciudadanos -junto a la indiferencia egoísta de otros- son comprensibles tal y como van goteando las noticias, a veces de forma contradictoria y siendo testigos de unas medidas sin precedentes que llevan a la creencia de que lo que nos persigue es un virus letal recaiga sobre el sujeto que recaiga. Cierto es que nunca se ha dicho así, pero si las actuaciones que se llevan a cabo son tan excepcionales la convicción de que estamos ante el Apocalipsis acaba arraigando. Hemos presenciado como quedaban devastados los supermercados, a fuerza de empujones y casi la fuerza en algunos momentos, propio de que se está luchando por la supervivencia. En esto, tengo que decirlo, el cómo se transmite la información es muy importante y creo que ni las redes sociales ni otros medios de comunicación han ayudado, por la disparidad, contradicción y la falta de conciencia de que la comunicación no necesita de pedagogía si va dirigida a un pueblo maduro, pero como no confío en la existencia de tal espécimen, todos tenemos responsabilidad en qué difundimos y cómo. Esto tengo que clarificar no excluye que se cuestionen las causas del virus, ni se pidan informaciones veraces e investigaciones al respecto que depuren responsabilidades.
  • El estrago económico que va a recaer especialmente de formar despiadada sobre los de siempre presenta no solo un presente desconcertante y de miedo sino un futuro no solo incierto sino, para algunos, indeseable. Si la pobreza era la gran cuenta pendiente del Estado español, aunque poco se hablara de ello, a partir de ahora no sé en qué infra condiciones van a quedar esas personas que ya tenían dificultades para sobrevivir, más los que se les sumen.
  • Si los jóvenes, con más conciencia del mundo en el que viven, ya sentían la angustia de un porvenir paupérrimo, sobre todo para aquellos que por vocación han optado por las humanidades y el amplio espectro de derivaciones, ahora su percepción de que el mundo está domeñado a la ciencia y la tecnología se hace tan patente que ¿para qué sirven aquellos ciudadanos que contravienen los discursos oficiales y sutilmente impuestos? Pues obviamente para molestar e incordiar.

Para concluir esta rápida y somera reflexión -en “caliente” como no puede ser de otra forma en estos momentos- sentirnos marionetas pendiendo de hilos orquestados por “cuatro” avaros, mentirosos, sin escrúpulos y que se creen dioses -cada vez echo más de menos a un Dios justiciero, no que le dé sentido a la vida (para qué) sino que reparta a cada cual lo que ciertamente se merece- no es ni esperanzador, ni proporciona tranquilidad. Aunque parece que es el mundo nihilista que tanto se había anunciado y contra el que solo nos queda quién sabe si retomar ideas que nos fortalecerían como colectivo contra ese anónimo enemigo -y no hablo del virus biológico- que se esmera en dividirnos para persuadirnos con más eficacia. “Quien tenga oídos para oír que oiga” dice el Nuevo Testamento.

Si estas letras son un deshecho, tratémoslo como tal y no le demos o deis ningún tipo de credibilidad como crítica atinada. Si hay solo un ápice de sugerencia que pueda resultar para construir, cedo estas palabras libremente para quien lo desee edifique a partir de ellas, acierte más con su reflexión o, en definitiva, sirvan para algo. Quién sabe si contribuya a encender o atizar más la llama de la necesidad de un cambio de paradigma económico-social, porque el  actual con cada crisis se muestra más caduco para la inmensa mayoría, aprovechemos esa fuerza que poseemos, quizás empezando a creérnosla.

Plural: 8 comentarios en “La crisis del conoravirus o la caducidad de una forma de vida.”

  1. Desde luego que no seré yo, estimada Ana, la que minusvalore esté análisis tuyo; muy al contrario desde lo más hondo de mi sentir percibo que estamos siendo una especie de marionetas cuyas cuerdas , como dices tú y muy bien dicho, las manejan unos cuentos avaros de poder y de gloria cuyos intereses primordiales no están compuestos, precisamente, por el bien común. Lo único que nos queda, Ana, es esta vía de comunicación que es la escritura. En mi caso , ni corrijo siquiera pues me sale a borbotones, como la ira.
    Un abrazo desde esta ventana desde la que veo el Guadalquivir.. ( cuantas cosas de estas habrá presenciado ya ..)
    Y

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  2. Entiendo tu reflexión. Está cargada de pesimismo por lo que es y –también– por lo que vendrá después. Cuando pase esta ensalada inicial de estados de alarma y de estadísticas de afectados, fallecidos y dados de alta, tendremos tiempo de ver el impacto, que será mucho. Yo espero que tengamos suficiente capacidad crítica para sacar algo positivo de esto, y que la ciudadanía se percate del inmenso poder que tiene actuando por el bien común, no solo en situaciones excepcionales, sino también en el “régimen permanente”; en lo cotidiano.
    Sobre la causa y origen de esta epidemia correrá mucha tinta. Y es cierto que vivimos un tiempo donde el equilibrio de fuerzas de las potencias dominantes sufrirá cambios (no hay más que ver la evolución prevista del PIB en países emergentes). Y qué duda cabe de que esto dará para muchos “asaltos de poder”. Tal vez este sea uno de los primeros. Pura especulación, por supuesto, pero no es nada que no haya pasado antes.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Cierto es que sin especulación no hay búsqueda, ni posibilidad de achuchar a los que tienen la sartén por el mango. Así es que aunque sea especulando debemos exigir esa verdad que está perdiendo todo estatus, haciéndonos creer que todo es subetivo y que nada se puede hacer. Eso no es cierto – ya se me coló la verdad- Hay muuchas cosas que tenemos como certezas que no lo son, pero también muchas que pueden ser acotadas contrastando decisiones y acciones. Algo se ha hecho, y aquí puede haber matices en el cómo, o no se ha hecho y siemprw con una voluntad o un propósito. Bien ese es el tipo de verdad que no es tan subjetiva y tenemos derecho a conocer… Gracias!!!

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  3. Todo se andará, y está claro que el cambio se verá en la medida que como agentes sociales cambiemos nuestra actitud frente al ego inherente a muchos, en unos casos en exceso… Escribir durante esta crisis que me ha tocado de frente y en carne viva me supone un gran esfuerzo, he tenido que acudir a lo que ya tenía en la papelera de las emociones. He replanteado muchas cosas de la vida que llevo, y sé, que en el ejercicio de la vida que me queda, seré más consciente de que no sé nada…

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