Anatomía incierta del rastro de una pandemia en el S.XXI

6 comentarios

La impotencia, la incertidumbre y anegados en una hecatombe sanitaria, social, económica y personal estamos quizás altamente incapacitados para pensar con cierta nitidez y lucidez el alcance de lo que estamos viviendo estos días.

Algunos se atreven a aventurar, quizás más en el terreno económico, lo que dejará tras de sí esta pandemia. No obstante, se va evidenciando que son prospecciones superadas por la crudeza más aguda de la realidad. No creo que nadie, salvo un tipo de genio profético, sea capaz de atisbar qué será el mundo tras esta sacudida; sobre todo en una cultura como la occidental que se llenaba la boca de hablar de la era del transhumanismo, ese tránsito a una  especie diferente a la humana -entre los ciborgs/robots- gracias al desarrollo científico-tecnológico.

Pero, como si de una fábula se tratase, llega el COVID-19 y nos deja a todos -a todos- en paños menores. Si los “virus” siguen pudiéndonos, no sabemos el por qué, tal vez algunos sí y rectifiquen sus locuras ¿qué tipo de arrogancia nos permite insinuar que estamos a punto de alargar la vida humana hasta, a los mejor, los ciento cincuenta años?

Nos dicen en España que lo peor está por llegar. No lo dudo. Pero me cuestiono qué pasará en África y en muchos países de Latinoamérica cuando la maldita curva exponencial de contagios, y en consecuencia muertes, se cebe del todo ¿Cómo superarán una pandemia que ha dejado a occidente con la cabeza cabizbaja y el orgullo meado, países que no disponen ni de la quinta parte -por decir algo, me da pereza buscar datos y eso lo puede hacer cada uno- de los recursos económicos y de infraestructuras que poseemos en occidente?

La China es de una eficacia abrumadora, no hay duda. Aunque también es cierto que desconocemos a costa de qué. Es decir, si ese confinamiento total consistió en que las familias más pobres -creo que la mayoría como en cualquier sistema que abraza el capitalismo a costa de la explotación de la mano de obra para lucrarse- murieran en algunos caos de hambre antes que del virus o se hayan quedado en un estado de desnutrición deplorable; o si por el contrario se abasteció a la población. China no destaca precisamente porque sus políticas tengan muy presente los derechos humanos, y gestionando una población ingente es posible que ponderaran que de esta forma morirían x personas, pero el tema quedaría zanjado para los habitantes por kilómetro cuadrado que, si hasta ahora eran 146, pues tal vez se redujesen a 140. Capital humano más que suficiente para seguir creciendo tras este descalabro que zanjarán por completo en cuatro meses, y a partir del cual volverán tal vez a recuperarse y crecer. Esto son conjeturas plausibles porque tampoco la transparencia es una virtud de China.

Dicho todo lo anterior, me parece un ejercicio de pitonisa poder aventurar cómo impactará todo esto en nuestras sociedades. Solo si pensamos en cómo estábamos educando a nuestros niños que padecían un déficit de límites y dificultades en la asunción de la autoridad, que protegíamos sin demasiada conciencia del esfuerzo y del mal que sobrevolaba el mundo, esta experiencia es un testarazo supino que bien seguro está afectando su experiencia emocional y sus dificultades para comprender qué pasa de repente. Y una exigencia y un esfuerzo que ni de lejos habían realizado nunca ni en casa ni en las escuelas. Los límites han quedado como un muro de hormigón asestados de golpe entre las paredes y la puerta de sus casas, y no hay nada que hacer. Su única opción ahora es sobrevivir días largos en los que la sobreactividad a la que muchos estaban acostumbrados -que no implica que fuese beneficiosa- se ha sesgado de cuajo ¿Qué hacer con tantas horas y tan largas? Recordemos que la vivencia interna del tiempo en los niños es mucho más lenta que en los adultos; si a nosotros un día se nos puede hacer largo, a ellos les resulta eterno. Y tiempo eterno en espacio finito es difícil de conjugar.

Atentos tendremos que estar todos. Primero a cómo sigue evolucionando esta crisis y qué es lo peor que tanto nos auguran las autoridades. Y muy atentos a las situaciones sociales, familiares e individuales que dejará el rastro sangriento de esta pandemia -porque puede no suponer en la mayoría muerte de facto, pero intuyo que, para muchos, muerte interior, sí.

Plural: 6 comentarios en “Anatomía incierta del rastro de una pandemia en el S.XXI”

  1. “No se sabe, al menos por ahora, si los magnates de la prensa quisieron sembrar el pánico ‎premeditadamente presentando una vulgar epidemia como «el fin del mundo». En todo caso, ‎como una deformación de la verdad siempre acaba provocando otra, los gobiernos acabaron ‎involucrándose en el asunto. Por supuesto, el objetivo de los gobiernos no es vender publicidad ‎asustando a la gente sino explotar el miedo para garantizar su control sobre las poblaciones. ‎
    En la propaganda moderna, no basta con limitarse a la publicación de noticias falsas –como hizo ‎el Reino Unido para convencer a su pueblo de que tenía que entrar en la Primera Guerra ‎Mundial–, hay que hacer proselitismo –como hizo la Alemania nazi para convencer a ‎los alemanes de que había que librar la Segunda Guerra Mundial. La receta es siempre la misma: ‎recurrir a la presión psicológica para lograr que la gente haga voluntariamente cosas sobre ‎las cuales se sabe que son inútiles, pero que dirigen hacia la vía de la mentira”.
    Thierry Meyssan

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    1. Pues sobre esto hay un artículo que no tiene pérdida, no sé cuál es su veracidad pero coincide en parte con otros que he leído que luego colgaré en faceb, Sí hay un resquicio de verdad en la intencionalidad de lo que explica es ciertamente para “apearse de este mundo” no de locos, que ellos no tienen la culpa, sino de depredadpres amorales…..

      Le gusta a 3 personas

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