Confinamiento

Un comentario

Estos días, cuyas características omito por reiterativas hasta la saciedad, desde las redes se están ofreciendo multitud de alternativas para poder ocupar el tiempo leyendo. Es una excelente opción para los que ya poseen esa pasión tan beneficiosa, como para los que sin tener el hábito puedan descubrir en la lectura una herramienta de disfrute, desconexión, reflexión y, a mi juicio, de crecimiento personal -huyendo de las connotaciones que esta expresión tiene hoy en muchos sectores que usan la necesidad para comercializar prácticas de autoayuda-. Nutrirse personalmente de la lectura nos lleva a la autocrítica, a la constatación de que no somos tan diferentes y a un sentimiento de compasión y complicidad con nuestros congéneres -el nirvana no se consigue leyendo-

Establecidas estas consideraciones previas, estoy constatando que no es buen tiempo, personalmente, para la lectura. No lo es, lo clarifico, porque su práctica exige cierta calma, capacidad mínima de concentración y abstraerte por un rato del entorno. Condiciones difíciles de conseguir estos días, al menos los primeros, porque el dinamismo de los acontecimientos peculiares de cada uno y generales son fuente de agitación, ansiedad y preocupación.

Quizás, si pudiéramos sentarnos en una butaca con el sosiego de saber qué ocurre realmente y qué nos espera -cuestiones que o no saben, o esconden o piensan dosificarlas para que la masa no se les desmadre- la posibilidad de hacernos un planteamiento de vida a medio plazo nos ayudaría a conseguir, una vez asumido, esa paz mental necesarias para hundir la mente en una historia ajena que nos ayude a distanciarnos de la propia.

Tengo cierta conciencia, ojalá que me equivoque, de que esto que estamos viviendo, este confinamiento que puede irse endureciendo, se alargará unos meses, tres o cuatro quizás con suerte. Sin información clara y nítida – ¡Ay Descartes! – es complicado dedicarse a algo que no sea matar el tiempo para agotar estos catorce días -que no lo serán- y recuperar la vida normal. Pero, como ya sabemos que a veces el Estado adquiere tintes muy paternalistas que se confunden con la exigencia de garantizar los derechos de los ciudadanos, parece que han decidido que a los inmaduros de los ciudadanos les van a ir dosificando la información para que sus mentes pueriles sean capaces de irla digiriendo.

Creo que se equivocan. En una situación excepcional como esta el Estado debe coger las riendas con determinación y contundencia, pero eso no les legitima a no ser claros con la información que nos facilitan en una democracia que les ha cedido el poder no para que nos sometan -esto no es un Estado hobbesiano- sino para que asumiendo su responsabilidad sean absolutamente transparentes en todo, y con más urgencia en los aspectos que afectan la cotidianidad de la vida de las personas durante un periodo bastante más prolongado de lo que nos dicen.

Tal vez, si todos supiéramos más y con mayor veracidad podríamos plantearnos con seriedad qué vamos a hacer o cómo nos vamos a organizar durante este tiempo para sobrellevar el confinamiento de la manera más leve posible. Desde autoimponernos horarios, actividades pautadas y formas de ejercicio necesarias para no perder ni la salud física ni la mental.

Y apostillando una cuestión que me exaspera, me irrita y me indigna querría dirigirme al gobierno de la Generalitat para que se plateen:

  • Qué tanto por ciento de la población tiene posibilidad de teletrabajar y qué tanto por ciento cuyas ocupaciones son menos cualificadas sigue trabajando.

  • Esta medida, que comparto, no deja de desenmascarar esa sociedad de clases que hace años se califica de demodé, pero que a mi juicio se agudizó notablemente con la crisis económica -esa que algunos nunca han superado, la mayoría por una pérdida notable del poder adquisitivo-. Siendo así, parece claro que los que siguen exponiéndose por necesidades muy perentorias -a parte de sanitarios, fuerzas del orden…- son los más vulnerables, como siempre.

  • Teniendo esto en cuenta ¿Les parece de recibo reducir la intensidad del transporte público en el metro, ferrocarriles catalanes y autobuses cuando lo que están provocando es que la “plebe” no pueda mantener la distancia de seguridad por aglomeraciones y se sientan absolutamente menospreciados cada vez que se les machaca el cerebro con las consignas “Yo me quedo en casa” y “Mantén la distancia de seguridad”? Están indignados, obviamente, porque su vida no parece tener el mismo valor que el de otras personas ¿Esa es la democracia por la que apuesta el gobierno catalán?

  • Sé que ahora habrá voces que emitirán sus bramidos con la petición del presidente Torra -bastante perjudicado de salud por lo que observamos ayer en su comparecencia pública por videoconferencia, con una tos que no le permitía ni hablar, por suerte sin fiebre dijo él, al igual que la presidenta de la Comunidad de Madrid…lo dejo que me desmeleno- de confinar Catalunya. Bien, pues solicito que especifique qué significará ese confinamiento para los catalanes en su vida diaria, las normas concretas, si no trabaja nadie o solo los menos cualificados, etc.…Concrete usted, ya que se queja de que no lo hace el gobierno español. Con todas las cartas en las manos, los catalanes sabremos qué pensar y qué apoyar o rechazar. Pero, basta de ambigüedades que no llevan a buen puerto a nadie. Esto, como ya se ha visto creo, lo hago extensivo a cualquier poder gubernamental.

  • Por último, inviertan el dinero en democratizar las pruebas de coronavirus acabando con la oligarquía política y tratando a todo aquel que requiera asistencia médica como el mismo respeto. Ningún político es insustituible, no les quepa duda de que ahora es así, pero las personas sí lo son para sus familias.

Para acabar, si es que habéis conseguido llegar hasta aquí, apelaría a la necesidad de que el contrato social implícito que sostiene toda democracia se base más en las propuestas rousseaunianas, se respete la mayoría de edad sin la que no tendría sentido la democracia, y se sancione y sea riguroso con los quienes, en un estado de alarma excepcional, no sea capaz de asumir sus deberes que valen tanto como sus derechos.

Singular: 1 comentario en “Confinamiento”

  1. Tus palabras, como de costumbre, me convencen y las suscribo. Lo que me ha dejado a cuadros -corrígeme si he entendido mal- es que crees que el confinamiento se extienda 3 o 4 meses. En China fueron 2 meses y medio. Sólo por la cuestión económica se me hace difícil creer que lleguemos a lo que dices. Ojalá te equivoques. Un saludo.

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