¿Quíen soy? o cuando me puedo desconfinar parcialmente.

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Agitación, desorientación, deseos, temores y una mezcolanza emocional se aglutina ante las fases de desconfinamiento. El calibre del embrollo me hace dudar de mi identidad: sé que no soy infante, ni soy vieja -porque los eufemismos edulcoran lo real- Soy adulta que anhela pasear, que es el único deporte al aire libre que por madurez me veo capaz de practicar. Pero, a la vez, debo salir a comprar; aunque no tengo niños, ni perro que legitime determinadas salidas. Además, tengo una discapacidad que en épocas pandémicas justificaría ir con un acompañante. Me ofusca esta matriz de doble o triple entrada y ante tal galimatías desconozco dónde debo ubicarme en función de quién soy ¿Podemos ser etiquetados solo bajo un parámetro? ¿No puede suceder que alguien con diversas identidades se vea con la suerte o la fatalidad de pasarse el día en la calle? O, por el contrario, que ¿alguien no se halle en grupo alguno, por el influjo de las intersecciones, y reste acongojado en el rincón más inesperado de su casa ante la vergüenza de no poderse reconocer en esos existentes que el Estado ha definido?

No recuerdo semejante reificación, explícita y supervisora, que zanja la farsa de la diversidad social. El imperativo de ser identificado por unas categorías que no responden a la complejidad individual.

Seré adulta, diversa funcionalmente, comparadora, población de riesgo, cuidadora de viejos y deportista -a mi manera, ¿o también se imponen las formas de hacer ejercicio al aire libre? – Así que, oscilo entre la posibilidad de salir al amanecer y no volver hasta el ocaso, o mandar los permisos a tomar viento fresco y permanecer confinada por voluntad propia y como actitud de rebeldía ante tal estructuración de los grupos sociales.

Ciertamente, no tenemos la más remota idea de cómo gestionar una pandemia, en ningún sentido. Pero las alternativas han quedado manifiestas: El Estado se erige como poder autoritario, desmantelando la garantía de derechos básicos, para ser eficaz, dicen, como lo han sido las dictaduras asiáticas, o se buscan formas respetuosas que den el margen de libertad para que los que acuden a un comedor social, son indigentes, o son familias malviviendo en covachas,…o vaya usted a saber las múltiples contingencias de la vida humana, puedan salir por salubridad, salud mental y desahogo vital, sin el riesgo de ser multados o detenidos. A veces, el miedo que se ha inoculado en la ciudadanía es el resorte más eficaz para que la mayoría ejerza un autocontrol, y solo proceda que las autoridades intervengan en aquellas situaciones en que la acumulación de personas, injustificada e inconsciente, ponga en riesgo el rebrote pandémico.

Plural: 4 comentarios en “¿Quíen soy? o cuando me puedo desconfinar parcialmente.”

  1. No tengo palabras ante la cara oscura de la Luna que pierde la atención por parte de los medios y quien se supone tiene que proteger el bienestar de los ciudadanos.
    Solo puedo darte ánimos sin palabras edulcoradas, como ya señalas…
    Quiero que sepas que te leo, Ana, espero que te acompañe la fuerza en el día

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