La performance de los aplausos

2 comentarios
FOTOGRAFÍA: Bombay EFE/ DIVYAKANT SOLANKI

El vértigo al fracaso sobrevuela las mentes que, ateridas ante semejante posibilidad, se afanan doblemente: primero en el logro de una perfección inusual, y segundo en vertebrar un relato preventivo que transforme lo malogrado en un impostado triunfo, que sea verosímil.

La fama griega mantiene cierto paralelismo con el triunfo moderno. Acaso, lo distintivo sea que, mientras el honor de ser reconocido socialmente para los griegos era la resultante del esfuerzo, fortaleza y consentimiento divino, el éxito social de hoy resulta a menudo de la perspicacia, el nepotismo y el utilitarismo egoísta de nuestras acciones.

La moralidad del hombre griego cuya fama era evidente, no generaba controversias, ni dudas. Mientras que el hombre de éxito moderno es aquel que ha sabido manejar las estrategias del ascensor social con más habilidad, que nada tiene que ver con la moralidad, antes bien parecen realidades contrapuestas.

Estas diferencias deberían inducirnos a repensar lo moral y lo ético, su sentido preciso y su espacio. Porque cuando la ética, como reflexión sobre la moralidad de nuestro querer y hacer desaparece del ámbito de lo público, y resta recluida en la intimidad que en nada atañe a los otros, nos hallamos en una sociedad de resultados, en la que lo prioritario es qué se deriva de nuestro hacer, pero consecuentemente, en referencia al bien individual, expulsando lo común y colectivo del horizonte de la acción social y trazando el fin de lo comunitario en pro del individuo.

Así, desde esta perspectiva, los héroes no constituyen aquellos que por decisión sacrifican su vida por la comunidad en aras de un bien mayor, sino aquellos que se labran un lugar privilegiado en el mundo a costa del interés general. De lo expuesto, son evidencias los anuncios publicitarios que muestran como aspiración una posición social dependiente de los bienes materiales de lo que se dispone. Se glorifica el tener como única condición que posibilita el ser -en el anodino sentido de tener poder económico para vivir en condiciones acomodadas o lujosas-

Ya no vivimos tiempos que necesiten héroes, personas inmoladas por un bien moral y comunitario, sino sujetos que sepan zafarse de su conciencia moral para liderar un mundo cuyos criterios de validez son eminentemente pragmáticos y liberados de restricciones de naturaleza ética que no son útiles para triunfar.

Lo expuesto podría parecer contradictorio con el homenaje diario que se ha tributado, estos meses, al personal sanitario y a los enfermos por la pandemia. No lo es en absoluto. El impulso de este gesto, de dudosa espontaneidad, al que la masa se une acríticamente, pretende con sutileza infiltrar el mensaje de que el monstruo que nos acechaba era inmensamente superior y que solo gestas heroicas podían contrarrestarlo. O, dicho de otra forma, el Estado, habiendo hecho todo lo posible y en representación del pueblo, estaba en manos de acontecimientos extraordinarios, fuera de lo común, ya que lo posible ya estaba hecho, y solo restaba que de esa humana limitación surgieran hombres y mujeres especiales, héroes, que sacrificaran su vida por los otros y con ello resultaran salvíficos para la gran mayoría.

Ahora bien, aun siendo los poderes fácticos capaces de imponer lo carente de veracidad como “la verdad”, el tiempo es un transcurrir traidor mediante el cual van reluciendo las falacias, y así, va demostrando la escasa y pobre consideración que se tiene políticamente de los denominados servicios básicos o de primera necesidad. De tal forma que las compensaciones por el sobreesfuerzo realizado han resultado ser más una humillación que un reconocimiento; y eso pensando exclusivamente en trabajadores estrictamente sanitarios, porque si hacemos extensible la cualificación de servicios esenciales a la limpieza y la higiene necesaria, a los celadores, repartidores, a los que han garantizado el suministro de alimentos y otros productos -desde el inicio de la cadena productiva hasta los trabajadores y trabajadoras de supermercados-,…solo se ha menospreciado su contribución, a pesar de ponerse también en riesgo; y esa ausencia de reconocimiento político y social se ha traducido en que no han sido compensados económicamente con ningún complemento, que es la forma actual de valorar la aportación excepcional de un sector al mantenimiento de la sociedad.

No somos como los griegos, a quienes les bastaba el reconocimiento espiritual; por el contrario, se nos ha inculcado que lo valorado se traduce en mejoras crematísticas, porque los honores espirituales no mejoran la vida de los individuos integrados en una sociedad materialista que prestigia a cada uno según su consumo -qué modelo de móvil, qué coche se posee, qué vivienda se posee-.

Así que, finalizado el espectáculo de los aplausos, unos se quedan con una experiencia que marcará sus vidas y un irrisorio donativo económico, y otros se han quedado sin vítores y sin pagas.

Este es el mundo en el que vivimos y pecan de ingenuos, tal vez, quienes creen que esto comportará cambios importantes en nuestra actitud ante la vida y en el sistema económico. Probablemente ocurra muy parcialmente lo primero y en absoluto lo segundo.

Plural: 2 comentarios en “La performance de los aplausos”

  1. Me parece muy acertada y profunda la comparación que haces con los valores griegos y los nuestros, la supuesta sociedad moderna. La diferencia entre la ética griega y la moral nuestra. La filosofía griega buscaba el ser, no el tener. De ahí nació el conócete a ti mismo. Y ésta es una tarea de por vida que conlleva hacernos responsables de nuestro actos, de nuestra libertad que consiste en respetar al otro mientras no nos haga daño a nosotros. Me ha parecido curioso que los que gritaban libertad enfundados en banderas de España acosaran a un chico por llevar la bandera del arco iris. Vivimos una época donde las grandes palabras han perdido su sentido originario y virginal. Y, como dices, donde en el trabajo se te valora por la categoría que tienes, no por lo que vales como persona ni por valentía o empatía para enfrentarte a una situación. Mi reconocimiento a todos estos héroes anónimos, de ahora y de siempre.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s