Terrorismo, pandemias y otras alimañas

2 comentarios

Aquello que se barajó del choque de civilizaciones quedó atrás, quizás porque la sangre derramada ha sido de tal diversidad que esa teoría no se sostiene.

Lo que sí constatamos hoy, es que la geopolítica empieza a mostrar un nuevo rostro, con poderes de estados fuertes emergentes que han entrado en la disputa y que son hábiles y sibilinos ganando posiciones. La estrategia es establecer alianzas allí donde surge la ocasión y puede reportar beneficios económicos, haya ocurrido en esa zona lo que sea y aunque se pacte con quien sea. El ejemplo más reciente es la toma de poder de los Talibanes y cómo a pesar del rechazo del lado occidental de esa usurpación —y humillación para la comunidad occidental liderada por EE. UU. tras veinte años en los que, dicho de forma sencilla y rápida, “alguien les tomó el pelo”— varios países les tendieron la mano, como China y Pakistán, y todos prácticamente han acabado cediendo a la imperiosa necesidad de dialogar y pactar con los Talibanes.

Hay, en consecuencia, nuevos países que han entrado en juego en la globalización con un papel que no se esperaba, cuando se vio en esta economía planetaria una ocasión más de sometimiento e imperialismo. Son Estados cuyo sistema autoritario permiten un rendimiento económico y productivo mayor, altamente competitivos, desarrollados tecnológicamente y con el propósito de apoderarse de un lugar destacado en el mundo, que los haga necesarios e imprescindibles para los planes estratégicos de futuro. A estos se los intenta frenar, por parte de los estados que tradicionalmente han dominado el mundo, aludiendo a la emergencia climática -que no se niega en este escrito- y la necesidad de producir con energías menos contaminantes; hecho que choca frontalmente con la voluntad de un hiperdesarrollo económico, rápido y eficaz para los estados que reclaman su derecho a entrar en la escena geopolítica y, curiosamente, demandan su derecho a contaminar lo que les corresponde, tras la devastación de la naturaleza que han llevado desde siempre los países que por ello son ahora, entre otras razones, ricos.

En la historia, o lo que va siendo historia, nada sucede en balde y todo acontecimiento despliega una serie de consecuencias, que a menudo se escapan a las “mentes pensantes” que perpetran acciones sin vislumbrar los efectos negativos que estas pueden tener.

De esta forma, junto al terrorismo que sigue encarnizadamente en muchos lugares del globo terráqueo, nos hemos dado de bruces con la pandemia del covid19, y la ya explicitada amenaza de futuras pandemias vinculadas al cambio climático -o no-, que sirven para fortalecer el autoritarismo incluso de los estados que han abanderado siempre la democracia. Una de las cuestiones más preocupantes para el ciudadano de a pie es que, fruto de la desconfianza y la poca legitimidad moral de los gobiernos “democráticos”, es que no haya transparencia en cómo se generó el virus. Hay una explicación oficial que es la que se va imponiendo, la del “murciélago” por sintetizar, que no convence a muchos, ya que visto lo visto, a nadie le sorprendería que los estados pactaran por estrategias económicas de futuro contar con determinadas armas bacteriológicas o químicas que sean usadas, en nombre del bien común, en forma de pandemias.

Estas ideas, que muchos tildan de paranoicas o conspiranoicas, tienen cierta resonancia en sociedades que han sido engañadas de manera reiterada y entre las que se encuentran las sociedades más ricas y desarrolladas. En una cultura del “todo vale” resulta que “todo es posible” porque no hay límites infranqueables, si el fin es satisfactorio para los potentados económicos y sus tentáculos. La brutalidad y falta de piedad que ha exhibido el S.XX y lo que llevamos del S.XXI llevan a pensar que cualquier acción, por muy devastadora y monstruosa que sea , puede ser efectuada en pro de los intereses particulares de las corporaciones que dominan el mundo. La ventaja de estas es, además, que sus dimensiones, organigramas horizontales y forma de toma de decisiones diluye la responsabilidad en el anonimato de la Coorporación de la que nadie, en concreto, es el último responsable, aunque pueda haber cabezas visibles por ser los fundadores o los mayores accionistas. Una vez establecidas las directrices generales, la ejecución concreta de unas decisiones u otras de disuelven en el conjunto de directivos y mandos intermedios que toman las decisiones.

Otro factor relevante a sumar son los flujos migratorios por guerras, hambrunas y falta de perspectiva de futuro que generan las desigualdades abismales entre unos países y otros. Este fenómeno constituye hoy para los países más ricos un inconveniente que se combate ideológicamente sobre todo apoyándose en la amenaza terrorista, la delincuencia, la propagación de la pandemia y la falta de puestos de trabajo que la crisis del sistema económico capitalista está generando en los países receptores.

En conclusión, la cuestión que se desea plantear en esta reflexión es que las herramientas de dominación de las que se dotan -y aquí surge el primer interrogante, si se topan con ellas o de alguna manera se dotan- esos estados que están debilitados en un mundo económicamente globalizado, a saber, el terrorismo, las pandemias o su sombra proyectada y la invasión migratoria están basadas en el miedo, en la necesidad que siente el ciudadano de ser protegido de las amenazas externas. El miedo y la incertidumbre son, paradójicamente, las armas principales que han utilizado a menudo los Estados autoritarios y dictatoriales, para doblegar a los individuos. Varía la forma de presentarlo en los países democráticos, pero no su uso en ocasiones y los fines en última instancia.

¿Seremos los ciudadanos capaces de desvelar las mentiras o engaños mediante los que intentan obtener nuestra conformidad, adaptándonos a lo que sea con tal de mantener la seguridad, el trabajo y, ahora, la salud?

Necesitamos hombres como Assange, Edward Snowden y muchos otros que desde el anonimato desvelen las auténticas razones y acciones de hechos que han sido falsificados y presentados a la ciudadanía con la voluntad de manipular sus creencias sobre el mundo y tenerlos bajo control, y adaptados a condiciones de vida, inclusive, indignas.

Plural: 2 comentarios en “Terrorismo, pandemias y otras alimañas”

  1. I.M.O. : Lo de la “resurrección’ del estado afgano no vendría a ser más que un nuevo punto de anclaje para la gesta del consabido plan Kalergi: La ulterior invasión de Europa por los ejércitos islámicos y el consecuente predominio de las razas del llamado ‘pueblo elegido’. Una agenda diseñada siglos antes por los think-tanks basados en los principios de las logias regidas por Albert Pike y su amiguete, el cardenal Mazzini… (entre otros).
    En cuanto a Assange, no hay más que observar hasta qué punto nunca reveló dato cierto con respecto a la auténtica versión y la autoría real de los eventos del 11-S, en NYC para concluir acerca de su rol de whistleblower ejercido a medias tintas.
    Y algo parecido sería lo que vendría a ocurrir con Snowden.
    En cualquier caso, en aras a dirimir sobre casi cualquier conspiración contra la especie humana diseñada durante los últimos siglos cabe apostar porque… todos los caminos conducen a Roma.
    Suerte y fortuna en estos periodos tan sumamente excitantes.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s