Lo humano y el abismo de sus «caídas».

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Estamos como humanos, tal vez, al borde de un abismo que se ramifica y que puede provocar diferentes “caídas”. Éstas señalan las direcciones en las que nos vamos distanciando de nuestra condición y que, por otra parte, son inherentes a ella. Es como si lleváramos inscrito el nihilismo en nuestro destino, y por avaricia, arrogancia y egolatría no pudiésemos desprendernos de él.

Podríamos destacar las siguientes “caídas”:

  • La caída climática: Creyéndonos amos y señores del planeta lo hemos devastados y descompensado ecológicamente provocando una precipitación de cambios que pueden llegar a hacer la vida imposible.
  • La caída por la violencia: La violencia y la muerte como resultado de esa agresividad sin límite, está extendida por el planeta, eliminándonos unos a otros como si la cultura ya no fuera capaz de matizar la lucha por la supervivencia, no como una aniquilación de unos contra otros, sino reconvertirla en una cooperación de unos con los otros para comunitariamente crear redes de subsistencia y vida en la que quepa cualquier individuo humano.
  • La caída racista y clasista: el desprecio del otro por no ajustarse al ideal inconsciente, o no, de humano blanco y con poder adquisitivo, excluye a los individuos de otras etnias y, además, a aquellos que no pueden permitirse un ritmo de vida de consumidor para culminar su felicidad. Fijémonos en este sentido en el perfil clasista que está presente en los anuncios publicitarios, y como la mayoría aún siendo de raza blanca, se sienten excluidos de ese grupo selecto.
  • La caída por la sexualización de la vida social: siendo la sexualidad -y aquí habría que elucubrar que se entiende desde diversas perspectivas bajo este concepto- un aspecto importante de la vida humana, no podemos elevarla de manera universal como el problema de identidad a resolver. Puede ser un problema para algunos, pero no universalizable. Además, si sostenemos el fluir continuo del ser humano en su ejercicio de existir, no hay categoría, ni problema que pueda constituir “El problema de la identidad”. Cada individuo singular necesita reconocerse en reciprocidad con los otros, sin embargo, el tipo de reconocimiento, o expresado de otro modo qué necesitamos que sea reconocido en nosotros, hay que señalar que es único e intransferible.
  • La caída por la acumulación de la riqueza: la precarización en los países más ricos está incrustándose de tal forma que la dicotomía ricos/pobres es la consecuencia de la desaparición progresiva de las clases medias. Lo dicho en los países más pobres expande esta dicotomía de manera cada vez más escandalosa: unos pocos acumulan y la mayoría tiene problemas serios de subsistencia.
  • La caída científico-tecnológica: los avances intensos y rápidos en tecnologías antes impensables contribuyen al avance científico en muchos ámbitos. El abismo se muestra ante nosotros cuando no podemos nítida y claramente reconocer qué fines y qué usos se harán de estos avances; en concreto la revolución digital y los progresos en la inteligencia artificial generan preocupación incluso en los que se han erigido como punteros, alertando a la comunidad política de la necesidad de legislar sin tardanzas las aplicaciones de estos logros inéditos.

En el año 2015, Ricardo Iglesias en el libro DE PROMETEO A FRANKENSTEIN: AUTÓMATAS, CIBORGS Y OTRAS CREACIONES MÁS QUE HUMANAS, escribe un artículo en el que hace prospecciones sobre la condición híbrida de lo humano y la máquina.

“Nos encontramos frente a la evolución «natural» del homo technicus, frente al «androide cibernético», el «Ciborg evolucionado», un ser artificial que incorpora en su interior, a un nivel micrológico, elementos biológicos y mecánicos, cuya capacidad de cálculo es infinita y cuya presencia exterior, y sus acciones en general, lo hacen indistinguible de un modelo simplemente humano.”[1]

Hoy, en el año 2023, lo que aventuraba Iglesias no parece nada lejano y, por ello, urge una reflexión global sobre si debe haber límite al respecto o no, y en caso de que sí, dónde situar esa línea roja.

El desplome, que puede producirse progresivamente, en cada uno de estos aspectos, según la intensidad y el grado y la simultaneidad o completitud de todos ellos puede llevarnos al colapso. Una especie de desierto en ruinas que nos retrotraiga a escenas de esa ficción lograda del clásico “planeta de los simios”. Con robots y máquinas, en lugar de simios dominantes cuyo lugar podríamos ocupar nosotros en esas hipotéticas circunstancias.

Ayer recibía de un colega filósofo peruano, Gustavo Flores Quelopana[2], un nuevo texto de su autoría, que alertaba sobre el gran riesgo y casi la convicción de que nos hallamos ante la III guerra mundial. Aún no he tenido ocasión de leerlo, pero me parece honesto dar voz a quienes pensando y analizando la cuestión argumentan la inminencia del desastre. Si llegásemos a ese punto parece que la autodestrucción estaría con bastante probabilidad garantizada.

Desgajado, a grandes rasgos, el abismo que está bajo nuestros pies deberíamos despertar de sueños placenteros que operan como distractores y centrar todas nuestras fuerzas en lo que se muestra como FUNDAMENTAL y RELEVANTE. Las caídas descritas no son del mismo calibre, sobre todo porque unas son nucleares y otras se han impuesto como tales sin serlo, pero en cualquier caso parece urgente resituarnos, repensar qué lugar ocupamos en el mundo -del que somos parte- y cómo queremos asentarnos en ese lugar que nos corresponde. Si nos dejamos llevar por la inercia que se ha desatado las consecuencias pueden ser fatales; entonces aquello que hoy experimentamos como problemático pasará a ser muy secundario y quizás sepamos, si tenemos la posibilidad de retroceder, ubicar que es irrenunciable comunitariamente y qué cuestiones pertenecen al ámbito de lo particular y subjetivo, y debe ser resuelto ahí.


[1] De Prometeo a Frankenstein: Autómatas, ciborgs y otras criaturas más que humanas Por Carlos García GualDavid Hernández de la FuenteAlberto Ávila y 9 más. Pg. 245.

[2] https://gusfilosofar.blogspot.com/

Plural: 6 comentarios en “Lo humano y el abismo de sus «caídas».”

  1. ¡Estos filósofos alarmistas!, No es caída, es la evolución normal del ser humano…San Narciso nos dice que la salvación esta en el Tik tok o en el nuevo twitter X. Anden muchachos, hagan palomitas, unas bebidas de moderación y un buen asiento, para con la orquesta del Titanic, tocar: «La última y nos vamos…» No comment sobre mi otro Yo, sorry. Habría que ver si para ascender tenemos que caer primero y sobrevivir a la Caída…besos al vacío desde el vacío

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  2. creo que siempre lo hemos tenido, hecho, …, pero antes se escondía, o no había tanta información.
    pienso que hay veces que todo esto, siendo totalmente cierto, sirve a algunos como corina de humo para no sacar a la luz cosas que también, y en algunos o muchos casos bastante importantes
    saludos Ana

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