¿Deconstruirse estando desgastados?

Un comentario

Llegados a una edad, estamos fortificados y, a la vez, desgastados. Nuestro corpus de ideas se ha asentado con más o menos rigidez -eso depende de cada uno- y, simultáneamente, nos sentimos desgastados del esfuerzo de vivir. Ambas circunstancias pueden confluir en una actitud que tienda a relativizar la importancia de muchos acontecimientos, a pesar de que no nos sintamos en sintonía con los giros que en ese acontecer se está produciendo. “Estamos de vuelta de todo”, dirían algunos, aunque en realidad nunca lo estemos.

Por ello, cuando nos vemos exigidos por la cultura actual a “deconstruirnos” en diversos constructos conceptuales con los que hemos crecido, intentamos ubicarnos al margen de este nuevo imperativo social. No porque no podamos apercibirnos de que terminados conceptos se basan en prejuicios sin fundamento, en tradiciones cuestionables, o en tratos discriminatorios hacia determinados colectivos, sino porque estamos exhaustos.

Crecimos en una dictadura por la que se los forzó a no pensar, a callar y sobre todo a no hablar de política ni de cuestiones morales que atentaran contra en nacionalcatolicismo. Tras esta clausura mental, y llegados a la transición experimentamos y lideramos un cambio cultural y social que implicó una deconstrucción[1] colectiva que aún, diría yo no ha llegado a término.

A pesar de hallarnos aún en proceso, y éste es continuo ya que siempre puede estar sujeto cualquier edificio conceptual a esa deconstrucción, lo que nos pasa a los denominados “boomers” es que estamos muy deconstruidos, desgastados y cansados. Ahora el esfuerzo les corresponde a las nuevas generaciones que habiendo nacido ya en democracia tienen el camino más llano.

Ahora bien, decidir qué debe ser deconstruido y hasta dónde es el gran reto que tienen los jóvenes, ya que un exceso puede abocarles a desmontar sin alternativas que les sirvan de referentes, aunque sean relativos; o bien a un vacío de sentido total, un nihilismo que no están preparados para abordar, al dejar todo significante al capricho de cada subjetividad. Donde todo puede ser cualquier cosa, no hay propiamente nada, e incluso la comunicación se convierte en un arte de crear artilugios lingüísticos que ni ofendan, ni presupongan nada. Un tiempo eufemístico en el que las sensibilidades son enaltecidas, sin reparar en que son subjetivas y que una comunidad debe poseer lazos que unan, al margen de lo que sienta cada individuo, por eso es precisamente una comunidad y no un conjunto de individuos aislados que se dan codazos para vencer a quien amenaza con ocupar su lugar.

En conclusión: poco nos vamos a deconstruir ya algunas generaciones y aquellas que poseen la responsabilidad social y cultural de hacerlo deben velar por que eso les lleve a vivir más dignamente como personas -y uso este término a propósito para no usar tendencias de género-


[1] La idea de deconstrucción se emplea en el terreno de la filosofía y de la teoría literaria con referencia al acto y el resultado de deconstruir. Este verbo, que procede del vocablo francés déconstruire, alude a desmontar, a través de un análisis intelectual, una cierta estructura conceptual. La deconstrucción se lleva a cabo evidenciando las ambigüedades, las fallas, las debilidades y las contradicciones de una teoría o de un discurso. Lo deconstruido, en este marco, queda desmontado o deshecho. https://definicion.de/deconstruccion/

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