La existencia deteriorada.

Un comentario

Los huesos empiezan a crujir irremediablemente como las bisagras oxidadas de una puerta. Se desgastan, se laminan en algunas zonas quedando como planchas finas susceptibles de quebrarse. El cartílago se queda sin colágeno y los huesos friccionan entre sí erosionándose. Todo esto se produce con los años, la acumulación de tiempo que el esqueleto soporta y que acaba provocando que emita aullidos de auxilio. Avisando de que ya no puede sostenerse más. Así se fracturan pelvis, caderas y una serie de huesos con articulaciones que se van deshaciendo.

La vida pasa y nos vamos deteriorando desde y hasta los huesos. Nos sentimos cansados desde el tuétano óseo que se manifiesta degenerándose, por un lado, y con tristeza, distimia y falta de fuerzas para continuar, por otro.

Nuestros huesos son alertas de lo que sucede en el interior, que no se vuelve significativo para los otros hasta que no empezamos a rompernos por diversos lados. En es proceso de envejecimiento -unos antes y otros después- pueden leerse los contratiempos y sufrimientos de la vida, no con nitidez, pero sí con la convicción de que ha constituido a menudo una batalla dura de librar. Por eso, a edad quizás temprana, el cuerpo, víctima de esas vicisitudes, falla cada vez con más insistencia. Y cada mal, disfunción o alteración del organismo es un quejido acallado que fue reprimido en su momento y, ahora, aflora con enfermedades crónicas.

El cuerpo no es ningún armazón, somos nosotros mismos recorriendo el sendero de nuestra existencia; los contratiempos, tropezones y maltratos padecidos son absorbidos por esa corporalidad que somos, que siente, que se duele y que, a pesar de todo, avanza con la voluntad de que la vida no sea solo sufrir. Sin embargo, suele suceder que a mayor padecimiento con más antelación se producen el desgaste y la degeneración, que hacen de la muerte un acontecimiento más prematuro.

Y, como dicen que la naturaleza es sabia, no constituye un mal que así sea, porque quien más ha sufrido y más gastado se siente, más desea perecer y convertirse en polvo que se disperse con el aire o el viento.

Dicho de otra forma, quien tiene una existencia que le hace estar hecho polvo, antes de culmina esa disgregación que nos reduce a limaduras.

Singular: 1 comentario en “La existencia deteriorada.”

Replica a emilianocaballeroh Cancelar la respuesta