La cultura del silencio y del miedo.

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Puede resultar difícil de entender cómo se propaga una cultura del miedo y el silencio en un determinado entorno. Las estrategias son sibilinas, sutiles y juegan con la autoridad que poseen quienes instalan esa doble cultura. El elemento común que propicia el éxito de esas culturas, no impuestas explícitamente, es la autoridad moral y el poder que ejercen los que consiguen generar cierta culpa en los individuos que no callan, como si estuviesen traicionando algo sagrado. Las emociones que se remueven en el individuo junto con la culpa son, a menudo, barreras infranqueables.

La culpa de no actuar como se espera de ti, que a su vez produce el miedo a ser repudiado y marginado. Ese aguijón que hace que sangre el corazón por el sentimiento de haber sido infiel y decepcionado a quienes supuestamente están velando por ti, o te están proporcionando un medio de vida.

Los entornos en lo que esta estrategia funciona son el familiar -con un éxito desbordante- cualquierorganización, y también lo que se denominan grupos entre iguales en los que siempre sobresale un líder que decreta los límites acción y de lo que puede ser dicho y lo que no debe ser nunca ni nombrado.

En la cultura del silencio y del miedo el individuo se siente siempre en falta, inclusive cuando solo ha sido de pensamiento, cuando ha faltado a ese “no ha existido” impuesto. Manejar a quienes siempre son deudores es fácil, pero si alguno de ellos eleva el cuello del agujero en el que se halla -similar al prisionero que sale de la cueva platónica- puede ser vilipendiado, acusado de mentir y proscrito por haber intentando mirar al sol.

Hay muchos lugares en los que esa cultura sigue operando con eficacia y, sorprendentemente una de ellas es la sociedad misma con el relato políticamente correcto que impone. Pensémoslo con calma, y nos apercibiremos de que ni en sociedad tenemos libertad de expresión, y casi ni de pensamiento, ya que lo acabamos reprimiendo para que no se nos marque con una X. Si eso sucede en una estructura tan diversa y compleja como es la sociedad, imaginemos cómo de poderosa es la cultura del silencio en la familia y en organizaciones o instituciones sociales.

¿Quién está dispuesto a salir de la caverna y mirar al sol? No con la pretensión de exponer la verdad, ya que hoy no podemos reconocer tal cosa, sino simplemente la percepción o la perspectiva desde las cuales él ha construido su visión del mundo o de aspectos y sucesos que tienen lugar en este, con argumentos y datos que puedan mostrar como razonable su visión.

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  1. Las agrupaciones humanas tienen un propósito principal: conquistar el derecho que todo el mundo tiene a ser diferente, a ser especial, a sentir, pensar y vivir cada uno a su manera.
    Para conquistar ese derecho, defenderlo o ampliarlo, la gente se une. Y de ahí nace un prejuicio horrible pero poderoso: en aquella unión en nombre de la raza, de Dios, del Partido, del Estado se ve el sentido de la vida y no un medio. ¡No, no y no! Es en el hombre, en su modesta singularidad, en su derecho a esa particularidad donde reside el único, verdadero y eterno significado de la lucha por la vida. p. 281, Vida y destino, Vasili Grossman

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