Todo tiene un límite, o con esa esperanza subsistimos.
Autor: Ana de Lacalle
Persiste un rescoldo que amara en la piel, absorbiendo la hidratación que la mantiene tersa y suave. Así, se agrieta y arruga la dermis que no delata tan solo los años, sino la vida: ese intenso y costoso camino de espinas. Un rostro aviejado, moreno, con los surcos de los tozudos gestos, es un clamor
Dudar, como pálpito temeroso paraliza. Como estrategia preventiva supone esquivar falsos ídolos que se despedazan tras el cedazo de la pregunta inquisitiva.
Si un infante no pregunta, es que no necesita respuestas, aun. Si lo hace, en ocasiones, la escuela debe remitirlo a los padres, como responsables principales de su educación. Así estamos ahora. En cuanto a los adolescentes, si el profesor es capaz de trascender su postura particular y elevar a los alumnos a una reflexión
A cierta edad, nadie aspira a deslizarse por superficies llanas, sin trompicones y arrugadas, tan solo a que respeten el derecho a no deslizarse por planicie alguna. Como quien ya no desea participar en las partidas de cartas, ni en las apuestas, porque siente que su interés se desvaneció y se ocupa en otros menesteres,
Si el agresor no puede reconocer el daño perpetrado, impide la reparación del dolor por parte de la víctima. Por una lado es como si continuara cometiéndose de forma burlona cada día con la misma impunidad, por otro, la falta de carácter real de ese maltrato genera, en quien lo sufrió, la duda creciente de
Uno de los posibles orígenes etimológicos de la palabra hipocresía se atribuye al griego, entendiendo su sentido originario como el de “responder con máscaras”. Ajustado al significado que hoy otorgamos a quien presentando un aspecto es, en realidad, alguien bien distinto del que se muestra, al ocultar sus sentimientos y pretensiones verdaderas. Este enmascaramiento se
La generosidad nunca es consciente de sí misma.
El frío entorno hibernal venga, acaso, a aliviar el bochorno ambiental que nos asfixia.
Desgasto el olor decrépito de las cosas con tan solo pensarlas y precipitar su desvanecimiento. Es un gesto, no de negación, sino de renovación que alienta el espacio vital que me resta. Absorbiendo, a plenitud, una claridad natural que quizás transpire mi epidermis para alumbrar esa caverna -nada socrática- de la que fui conscientemente prisionera.