Si el amanecer no acontece, revisa tu estado vital.
Autor: Ana de Lacalle
Ayer, Jano, volvimos a evocar esa ausencia extraña que te hace terriblemente presente para muchos. Y entre ellos estaban, y principalmente, los que considerabas los tuyos: una Natalia, mejorada algo en el aspecto, a la que acompañaban en su mente “los niños” con el corazón aún muy destrozado, tu madre que te llevaba arropado en
Azotados por el fragor de un posible delirio que desgaja un pueblo en una diversidad de visiones, se van derramando lágrimas, llantos y pasiones, muchas pasiones. Se insulta con mantras que recorren los cielos y retornan como verdades que devienen hechos, se obvian errores y engaños que los medios blanquean con imágenes que sustituyen relatos,
Percibir el sosiego de otro, casi propio, estimula el descanso anhelado en el diván de la conciencia.
Un dragón de dos cabezas que, tras robarte la sombra, exhala su aliento en tu nuca. Cada morra un eco sarcástico y añejo, que porfiadamente y sin opción a réplica, en macho y en hembra, escupen un destino, fraguado entre ambos para ti. Hoy, en la ambigüedad de todos los umbrales, reaparecen para recordarte quién
Si un gobernante incumple públicamente las leyes y el poder judicial no actúa ¿cómo exigir a ningún ciudadano a que se someta a ley alguna? Cierto es que son muchos los que las incumplen pero en cuanto no lo hacen en ostentación de su cargo público y en sesión parlamentaria ante los ojos de todo
Un pueblo reactivo está, por naturaleza, vivo solo en la derrota, por ello busca desesperadamente las condiciones que favorezcan su existencia y su posibilidad de ser: la víctima perfecta. Por el contrario, cuando debe actuar por sí mismo, enhebrando su propio camino, más allá de un sí como doble negación, se despliega un llano vacío
Todo proceso vívido padece fases espasmódicas que exigen, casi, el retorno al punto de partida. Ahí, en ese súbito cúmulo de tribulaciones, surgen los héroes internos que surfean entre las contracciones musculares para erigirse y empoderarse de sí mismo, aunque todo se muestre fluctuante. Lo vívido es el motivo necesario para no decaer.
Caemos en la tentación de todo cuanto excita nuestros apetitos, especialmente si nos hallamos huérfanos de algo que estimule la aprehensión de algún sentido o razón de todo esto.
En ocasiones, queremos compartir y expresar lo inefable, rebelándonos contra la evidencia de la propia soledad.