El fracaso vital ondea en las existencias que, anhelando lo imposible, han menospreciado el sumo valor de lo posible. Aquello que merecía y debía ser deseado.
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¿Cómo esperar si no se sabe qué se espera?
Si se tercia, que se invierta el mundo por un día, para que los de abajo ganen y los de arriba sepan.
La conciencia del mal da lugar al heroísmo radical. Solo si eliminamos la banalidad del mal, cabe hacerlo del heroísmo consiguiente, porque donde hay voluntad de dañar puede haber voluntad de oponerse al dolor.
Declinan los días de descanso y urge engranar nuevamente las neuronas. No para chacharear, sino para reformular lo dicho con relevancia.
Las lágrimas vertidas, aunque sean silenciosas, dignifican.
Todo cuanto dispongo y poseo se reduce a este yo que deambula del interrogante a la duda.
Deslizar, a tientas, los trazos lingüísticos de un libro es librar un reto lógico
La semana santa como síntesis hecha ritual del fracaso de Jesús, evidencia el fango sobre el que se asienta el cristianismo: un humano más dejado de la mano de Dios.
Solo cuando lo real es mundo, una versión lingüística humana, se generan contradicciones, paradojas y acontecimientos incompatibles.