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Tras la típica pregunta, usada en demasía en los últimos tiempos (¿Para qué la Filosofía?), yace la sospecha de la inutilidad de una disciplina que urge minimizar para dar cabida a otras, en los planes de estudio de mayor rendimiento. Hartos y empalagados estamos todos, incluidos los filósofos, de dar respuestas que no pueden oír los que no tienen oídos para hacerlo.

Si retomo la cuestión es porque Lyotard[1] con una habilidad que desarrolla a lo largo de cuatro conferencias recompone la pregunta en otra que considera es la que  debería tener lugar: ¿Cómo no filosofar?

El pensador francés parte del término filosofía como un amor, o un deseo al saber, en cuanto es el amor como deseo el que mantiene la tensión por aquello que es su objeto presente y ausente –por no completo- Así la aspiración de la filosofía en esta oposición de contrarios, es su unidad, que no es más que horizonte de armonía  y equilibrio. Así esa unidad seráde hecho una tensión de contrarios, porque si no cesaría todo ser, y con él la dinámica del pensar filosófico:

He aquí, pues, por qué filosofar: porque existe el deseo, porque hay ausencia en la presencia, muerte en lo vivo; y porque tenemos capacidad para articular lo que aún no lo está; y también porque existe la alienación, la pérdida de lo que se creía conseguido y la escisión entre lo hecho y el hacer, entre lo dicho y el decir; y finalmente porque no podemos evitar esto: atestiguar la presencia de la falta con la palabra.

En verdad, ¿cómo no filosofar? (Ibid.pg 163-164)

Es decir filosofamos por necesidad, porque la falta, la carencia de lo que deseamos y amamos nos impele a ello. Como el impulso erótico platónico, somos arrastrados por él, no es una decisión, aunque sí es cierto que en unos humanos se presenta con más intensidad que en otros. Entonces, no está en poder de Instituciones, gobiernos, o autoridades educativas la decisión de si en una sociedad va a haber actividad filosófica. Exista más o menos apoyo esta deberá infiltrarse por los recodos más inhóspitos e insospechados de la vida social y personal, porque forma parte de nuestra naturaleza. ¿Cómo no filosofar? Será a partir de ahora la respuesta.

Los presocráticos, Heráclito en concreto, Platón, Hegel, a ellos recurre Lyotard , principalmente, para trazar cuatro pinceladas de su concepción de la filosofía. Con ello cabe destacar que los denominados filósofos de la postmodernidad no renegaron y negaron indiscriminadamente toda la tradición filosófica, hubieran sido necios e incultos. Tampoco, en consecuencia las diversas filosofías que brotan como fragmentos que aspiran a decir algo del hombre y la existencia que puedan complementarse con otras cometen esta barbaridad. Son esos intentos, en palabras de Lyotard, del deseo filosófico de comprensión de la existencia que partiendo de lo que hay busca el sentido y la unidad cuando Dios ha muerto y en consecuencia enmudecido, y no hay signos que orienten el orden: todo es parece igual, todo vale, nada tiene pues valor.

[1] Jean-Francois Lyotard ¿Por qué filosofar? Cuatro conferencias. Introducción de Jacobo Muñoz Paidós/I.C.E. – U.A.B. Barcelona 1989