Tras el sendero agotado, sin rastrojos y sin alma, queda una pena anónima que embelesa la mirada. Es la tristeza vagando sin criterio por donde comprueba que pasa, desatada, desbordada, dispuesta a diluirse como átomos sobrantes que parecen constituir la nada. Paseo baldío y errado el que proporciona esa fragancia de “mandala” estéril, pero vendido como objeto de magia.
«Mandala»
Etiquetas: Ignorancia Existencial
Publicado por Ana de Lacalle
Escritora alacallefilosofiadelreconocimiento.com Ver todas las entradas de Ana de Lacalle
