«Mandala»

No hay comentarios

Tras el sendero agotado, sin rastrojos y sin alma, queda una pena anónima que embelesa la mirada. Es la tristeza vagando sin criterio por donde comprueba que pasa, desatada, desbordada, dispuesta a diluirse como átomos  sobrantes que parecen constituir la nada. Paseo baldío y errado el que proporciona esa fragancia de “mandala” estéril, pero vendido como objeto de magia.

Deja un comentario