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El exterminio directo o indirecto de seres humanos cosificados, que el cinismo del progreso ha hecho posible, es el mayor horror que seguimos practicando sin pudor alguno. Esta es la auténtica culpa que la humanidad encarna, de la que nunca hallaremos redención más aún si no hay conciencia de monstruosidad.

Somos el desguace de los muertos, sus verdugos y la sombra eterna de sus alaridos.