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Cuando el dolor azota a quien no dispone de resortes para afrontarlo provoca la aparición de defensas férreas que serán aplicadas a discreción, es decir sin criterio y siempre. Ejemplo de esto son las corazas  tras las que muchos creen proteger su mundo emocional, aunque no se aperciben que  a su vez lo asfixian, lo deshidratan  y lo menguan gestando un vacío en el que van cavando su sepultura.