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Si nos adhiriéramos a una negación sucesiva, estaríamos simultáneamente haciéndolo a una afirmación. Trampas de la lógica lingüística que deposita hiel en nuestros labios como artificio demoniaco.

Manifestar “nunca”, no se transforma en “siempre” por cansina que sea su repetición. Atendamos al significado de los términos y no a su forma, porque distanciar aun más el querer decir, del decir solo nos condena al silencio pétreo de los que no se sienten habiles retóricos.