Etiquetas

La literatura no puede convertirse en un espectáculo de realidad porque ni es esa su naturaleza en sí, ni es lo que los lectores esperan o exigen de un buen libro. Me atrevería a afirmar que quien se siente corroído por el morbo no lee, sino que acude raudo a la televisión donde una diversidad abundante de programas va a satisfacer sus deseos. La literatura se desenvuelve por otros parámetros.

Es cierto que, nos adentremos en el ámbito de la ficción o no, el mundo literario  nunca es ajeno a la realidad humana y su conexión con las cuestiones fundamentales que nos acechan están implícitas o explícitas en cualquiera delos géneros literarios, porque las inquietudes del escritor no distan tanto del lector que lee apasionado. Pero la literatura no necesita basarse en hechos reales y morbosos para ser testigo de la existencia, porque el público que lee anhela la reflexión tranquila sobre lo decisivo, no la excitación por lo truculento que sucede a los otros. Así, podríamos decir que la palabra escrita nos adentra en las profundidades de lo humano, ya sea o no a través de la ficción, mientras que quien busca la miseria ajena en sí, no debe buscar en los libros que no excitarán su placer, sino buscar medios audiovisuales que ya están elaborados para tal menester.

La literatura siempre versa sobre lo humano, otra cosa es que ni se base ni dé detalles de hechos reales –siempre-