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El debate sobre el mal estado de la educación, que dura ya excesivamente, alimenta el sentimiento de legitimación de aquellos alumnos que pudiendo por capacidad, no ejercen por otros motivos, porque son estos estudiantes hábiles consumidores de las justificaciones en uso.

El problema no se resuelve por decreto ley. Sino asumiendo que quien lidia  directamente con el reto de educar y conoce la realidad debe tener una voz y un voto preminente en la resolución, así  como aceptar la diversidad en las formas de enseñar, que tal vez sea apropiado, teniendo en cuenta que diversos son los alumnos.