Merlín y Sofía

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Hará un par de años se publicó un libro bajo el título “Huérfanos de Sofía” con la voluntad, por parte de su coordinador y algunos de sus colaboradores, de que esa atinada presentación funcionara como un espanta-sucesos indeseable. Hoy, gracias a una serie de televisión catalana que se ha exportado a otras cadenas, incluso de fuera del estado español, Sofía no tiene huérfanos, porque han pasado a ser los borregos de Merlín. Esto por supuesto no es ningún consuelo, ya que el absurdo se desvanecerá y entonces proliferarán los expósitos, y ya no sabremos ni cuál era su origen.

Merlín, como quien no quiere la cosa, ha destituido a Sofía, le ha propinado un sutil culetazo, y se ha erigido en el objeto de Eros, siendo ahora su persona quien inspira el amor y la pasión por eso que el presenta como la filosofía a través de sus clases y de su saber hacer en el instituto y fuera de él. Nada más estimulante para los jóvenes pragmáticos de hoy comprobar que Merlín es humano, demasiado humano –demasiado hombre, diría yo- y que se halla preso de sus pasiones, sus inclinaciones, su interés propio, su propia ley y un lema “haz lo que quieras, como de hecho hago yo” porque solo así podrás apropiarte del carpe diem. Los ejemplos son diversos a lo largo de la serie: la frivolidad en las relaciones de pareja, robar exámenes como haría cualquier alumno, usar el engaño en beneficio propio, engatusar de manera demagógica a los alumnos o sea ser un populista –él sí-

No perdemos de vista que tiene una capacidad de liderazgo imprescindible con los alumnos, pero queda desmerecida por los medios que utiliza para hacerse con un carisma falaz. Desde una perspectiva educativa los centros se cambian desde dentro, sin involucrar de forma sibilina a los alumnos. Siendo honesto y coherente con uno mismo.

Pero cuál es la sorpresa cuando se ha constatado que desde que se emite esta serie por la cadena catalana, en la Facultad de Barcelona de Filosofía parece haber aumentado la matrícula de alumnos. Desconozco si creen que se inscriben en “Merlilandia”, ni el tiempo que duran estos motivados alumnos en la carrera. Pero entiendo que sigue siendo muestra de la flojera y la insustancialidad con la que muchos chavales salen del bachillerato y de las enseñanzas medias, debido a un menú para todos que no le llena el estómago a nadie.

Que una serie de televisión influya en jóvenes de dieciocho años para elegir sus estudios superiores me provoca una tristeza supina, más cuando no divulgan una profesión concreta que dan a conocer de forma realista y con detalle. Sino que lo que muestran es a un adulto que no ha salido de su adolescencia y que disfruta hablando de filosofía con adolescentes porque está como en casa. Ni tan solo un afán por el saber, el conocimiento y las preguntas últimas que todo humano debe afrontar. Sino un poco de filosofía llena de morbo y culebrón adolescente.

Sofía, tus huérfanos, en realidad están ahí. El momento ha llegado. Tan solo han sido seducidos por los encantos de Merlín. Tu resplandor desenmascarará a ese impostor del que se irá descubriendo los propósitos que procura ocultar.  Su turbia verdad lo convertirá en barro, y en un período no lejano veremos en pantalla “Hijos de Sofía” una serie de culto.

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