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Si los sueños de la razón producen monstruos según atinaba Goya, hoy sabemos que no solo los sueña sino que se hacen realidad. Personajes esperpénticos, por ejemplo, dirigiendo estados con actitudes fanáticas y perversas que producen terror. No, no hablamos de países del oriente medio, sino de los Estados Unidos de América, que en un acto de mimetismo de la mismísima Alemania de mediados del siglo XX, han elegido democráticamente –o eso creíamos- a Donald Trump un nombre que la historia no va a poder ningunear.